martes, 6 de mayo de 2008

Raimundo Ongaro en primera persona


El histórico dirigente de la CGT de los Argentinos Raimundo Ongaro en la actualidad tiene muy poca exposición pública. Aquí reproducimos un texto de 1984 donde habla en primera persona.

La causa de un exilio es importante y lo es sobre todo en mi caso. Estuve catorce veces preso en la Argentina, fui secuestrado en una ocasión, mi hogar fue allanado muchas veces. Mi mujer perdió alguno de los hijos por intromisiones en mi casa, a altas horas de la madrugada, de hombres que transportados en automóviles aparecían en esta localidad de Los Polvorines, haciendo uso de armas, vestidos de civil. A tanto llegó que cada vez que oíamos un automóvil era un terror, en una población alejada 34 kilómetros de Buenos Aires.

Esos hechos y los arrestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, la supresión de la posibilidad de imprimir hojas y diarios, la pérdida de la libertad habían generado en mí una convicción y una voluntad de no alejarme jamás y por ningún motivo de la Argentina. Había tomado una decisión muy seria de no abandonar el país, sean cuales fueran las circunstancias en que me encontrara. Recuerdo que en esto coincidíamos con otro sindicalista, hoy fallecido, Agustín Tosco, cuando nos encontramos juntos en la cárcel de Caseros, después de un período de nueve meses de arresto en el mismo lugar.

En esos diálogos con Tosco habíamos llegado a la conclusión de que si era necesario moriríamos presos en la cárcel pero siempre en la Argentina. Si eso servía como un milímetro de bandera para la lucha por la libertad en el presente o en el porvenir, nosotros lo ofrecíamos por la causa de una sociedad más justa, de estructuras modernizadas, de participación de los trabajadores, de un hombre nuevo.

¿Por qué se deshace en mí esa voluntad de no abandonar ni muerto la Argentina? No fueron las sucesivas cárceles, ni los allanamientos, ni las persecuciones, ni el sufrir simulacros de fusilamientos en los cañaverales de Tucumán a altas horas de la madrugada, ni los interrogatorios de los servicios de inteligencia de las distintas fuerzas armadas, ni las amenazas de la picana eléctrica. No fueron, repito, esos hechos que le pueden suceder a un militante político en esta época, como en cualquiera otra, de este país o de cualquier otro.

Fue el 7 de mayo de 1975, mientras me encontraba una vez más a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Que sería el último de mis arrestos. Entonces se iba a producir un hecho muy desgraciado para mi familia, aunque yo no lo iba a conocer ese día. El 8 de mayo, la jornada siguiente, incomunicado en un calabozo de Villa Devoto, solo y aislado en una celda de un metro con cuarenta por dos con treinta, en un camastro, estaba escuchando el informativo de Radio Colonia, en la voz del periodista Ariel Delgado. Faltaban cinco minutos para las 14, hora en que terminaba y me disponía a apagar la radio pensando -“bueno, esto es lo de todos los días”-, cuando escuché que mi hijo, Alfredo Máximo, había sido asesinado a balazos y su cuerpo encontrado en un lugar del Gran Buenos Aires.

Allí replanteé rápidamente, fueron unos segundos, mi decisión de quedarme en una cárcel, de no salir del país con mi familia. Aquel día comprendí que estar en la cárcel no servía para nada, si uno no podía utilizar la palabra, la comunicación con la gente, estar presente en una huelga, en una manifestación, en una asamblea, en un plenario o junto a los compañeros o los hermanos que estaban en una olla popular. Es otro mito, me dije, eso de creer que estar en la cárcel sirve para algo, porque yo no puedo defender a mi hijo; porque si hubiera estado en libertad, me hubieran matado a mí, y no a él.

Después de este hecho, las radios y los diarios anunciaron inmediatamente que mi hijo mayor, Raimundo, había sido esposado en el centro de Buenos Aires y gracias a la ayuda de un centenar de transeúntes pudo escapar de la policía lopezreguista y recibió la protección de una congregación religiosa que lo albergó hasta que pudo salir del país.

Veinticuatro horas después, al más joven de mis hijos, Miguel Ángel, lo vienen a buscar a esta casa de Los Polvorines y a la de su novia y no lo hallan. Conozco después –por medio de las visitas que llegan a la cárcel de parte de personas que trasmiten su solidaridad por estos hechos vandálicos- que el sector dominado por el Ministro de Bienestar Social, José López Rega, había dictado una orden de exterminio contra mi familia. Durante una reunión de esa logia criminal se había llegado a la conclusión que era mejor matar a la familia del sindicalista Raimundo Ongaro que asesinarlo a él mismo.

Este es un método nazi que se dirige a afectar en primer lugar a la familia. Porque enseguida surge el razonamiento -“si no hubiera estado en política, es esas actividades sindicales, tal vez nuestro hijo estaría vivo, los otros no estarían amenazados y no tendríamos esta persecución. Contaríamos con la seguridad que todos los días, el hijo y el padre y el hermano y la novia y la madre y la abuela volverían a casa por la noche”-.

Ese sistema golpea primero a la familia, pero después sobre el núcleo de trabajadores, de militantes políticos de activistas sindicales, en un partido, en una asociación cultural. En estos medios, genera la siguiente reflexión: -“si lo mataron al hijo de aquel dirigente, ¿qué no nos pasará a nosotros, a quienes nadie conoce, la prensa jamás puso una foto, los diarios nunca dijeron que vivimos en tal lado e hicimos tal cosa o la otra?-”. Por lo tanto, el método busca desmoralizar en parte a un conjunto de la militancia y de los seguidores que han participado en una actividad reivindicativa o de emancipación social de los trabajadores y de un pueblo.

Fue en ese momento que comprendía que no servía de nada estar en una cárcel, atado de pies y manos, viviendo el peor de los exilios. Por tanto, decidí pedir la opción constitucional para salir del país.

La entonces presidenta María Estela Martínez de Perón no la firmó, siendo su deber hacerlo. No solo no lo hizo, sino que lo ignoró totalmente y tuve que recurrir a través de mis abogados al Poder Judicial, hasta que un digno juez le ordenó al Poder Ejecutivo que yo pudiera salir.

Antes de hacerlo, el director de la cárcel tuvo que tomar muchas precauciones. Setenta y dos horas antes de que me pusieran en un avión rumbo a la capital del Perú, durante la noche apareció en el penal de Villa Devoto una caravana de automóviles, supuestamente pertenecientes a la Policía Federal, reclamando por mí para llevarme a Ezeiza, en nombre de una comisaría determinada. El director de la cárcel, por sentido humano ante lo que había sucedido con mi familia, tuvo la sospecha que pudieran no ser de la Policía Federal y sí parapoliciales o paramilitares. Llamó a esa comisaría y le dijeron que de ahí no había salido ningún auto, por lo que no dejó que me sacaran. Esa noche, no me caben dudas, me hubieran matado también a mí. Tras ese hecho, entonces sí llegó la Policía Federal, me pusieron en un avión y fui deportado.

El testimonio completo de Ongaro, aquí.

www.revista-zoom.com.ar/articulo2173.html

Sus dirigentes




Además del protagonismo de Raimundo Ongaro, hubo otros dirigentes que a partir de sus conductas y sus hechos hicieron posible la CGT de los Argentinos. Estas son sus historias de lucha.

Jorge Fernando Di Pascuale

Porteño nacido el 28 de diciembre de 1930. Fue uno de los más claros dirigentes político-gremiales que dio la Resistencia Peronista. Ya para 1958 gana en elecciones el Sindicato de Farmacia –con 25 años- orientándolo de ahí en más a la lucha contra las dictaduras de turno y el retorno de Perón a la Argentina.

En el ’59 da su presente en la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre codo a codo con los obreros del gremio de la Carne. Al año siguiente es nombrado Secretario de Prensa de las “62 Organizaciones Peronistas”.

Estuvo preso dos veces. La aplastante victoria del peronismo en las elecciones del 18 de marzo de 1962 lo confirma como diputado nacional, cargo que nunca pudo ejercer debido a que Frondizi anuló las elecciones.

Entre 1961 y 1962 es Secretario del Consejo Coordinador y Supervisor del Peronismo lo que le permite viajar con cierta asiduidad a Madrid y entrevistarse con Perón, quien lo nombra delegado personal ante los países socialistas. El año 1968 lo encuentra participando en forma activa en la creación de la CGT de los Argentinos donde no acepta ningún cargo pero recorre el país de punta a punta para unificar pensamientos y luchas en el seno de esa central obrera. Adhiere en forma personal al Peronismo de Base como única manera de lograr la creación y fortalecimiento de una alternativa independiente para la clase trabajadora argentina.

Amenazado por la Triple A se exilia en Venezuela, pero no soporta la lejanía de sus amigos y compañeros y vuelve para 1976. El mismo día de su cumpleaños, el 29 de diciembre de ese año, es secuestrado y desaparecido.

Fue visto en el campo de concentración clandestino “El Vesubio”, destruido físicamente pero entero, inclusive dando ánimo a todos pese a las bárbaras torturas recibidas. Aún recuerdo las palabras que una vez dijo a sus compañeros de militancia que lo admiraban: “Si algo llega a pasarme no les voy a perdonar que pidan solamente por mí... pidan por todos”. El 5 de julio de 2002 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires denominó con su nombre, el espacio verde delimitado por Avenida Lacarra, Dellepiane, Eva Perón y Autopista Perito Moreno. Su hijo Fernando escribió un largo y sentido poema que termina de este modo: “Pero ya no te espero, sólo te busco, pero ya no te espero, sólo te extraño, pero ya no te espero, porque al pasar los años, y después de tanto daño, que te hicieron a ti, ahora sólo queda, que vos me esperes a mí”.



Agustín Tosco

Nació en Coronel Moldes, el 22 de mayo de 1930, provincia de Córdoba, en el seno de una familia campesina, como él mismo la definiera. Supo lo que era trabajar la tierra junto a sus padres y al mismo tiempo cursar la escuela primaria. Aun en el piso de tierra de la casa de sus padres y con iluminación a vela, creó su pequeña biblioteca de lectura que desde edad temprana le inculcó su padre, que era un gran lector.

En 1944, deja el pueblo rural y el de su familia y va a la ciudad de Córdoba a realizar sus estudios secundarios en un internado: la Escuela de Artes y Oficios “Presidente Roca” con lo que inaugura en su vida personal la relación con el estudiantado y la industria, que en esa época venía en un sostenido desarrollo y crecimiento, tanto en la provincia mencionada, como a nivel nacional.

Luego de recibido como técnico industrial, en el año 1947, dos años después ingresa, a los 19 años, en el Servicio Público de Electricidad de Córdoba (SPEC). Sin embargo, no dejó de estudiar y posteriormente, haciéndolo de noche, se recibió de electrotécnico, en la Universidad Tecnológica.

Ya en la organización sindical, en Luz y Fuerza de Córdoba, al poco tiempo es elegido delegado de su sector de trabajo, y pasó a ser una de las autoridades del cuerpo general de delegados. Al año es designado pro secretario general; más tarde es elegido secretario gremial de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza ( FATLYF) de donde será expulsado junto a su gremio, por no someterse a las prácticas burocráticas y “participacionistas” como él calificaba a la dirigencia gremial de la época.

Tosco es perseguido e inhabilitado por la intervención militar, de 1955 al 57. Es detenido por primera vez en Posadas, en 1956, representando a la FATLYF. Fue uno de los máximos dirigentes del Cordobazo, junto a otros dirigentes de entonces, como Atilio López.

Fue detenido en varias oportunidades. En 1969, después del Cordobazo, junto a otros compañeros, estuvo preso siete meses en La Pampa y Rawson. Estando detenido en 1972, a disposición de la dictadura cívico-militar, fue electo secretario general de su querido gremio Luz y Fuerza de Córdoba.

Cuando el golpe contra la cárcel que liberó a dirigentes del ERP trató de liberarlo también a Tosco, él se negó. Creía más en la fuerza de sus compañeros de las fábricas que obligarían a la dictadura militar a finalmente dejarlo en libertad.

En octubre de 1974 es intervenido el sindicato de Luz y Fuerza. Tosco pasa a la clandestinidad, perseguido. Enfermo, no puede ser internado: sería ejecutado ni bien se supiera el lugar donde se encontraba. Es atendido por amigos médicos que también se juegan la vida. Finalmente, Tosco muere, el 5 de noviembre de 1975. Tenía 45 años de edad.

Rodolfo Walsh

Descendiente de irlandeses, nació en 1927, en Choele Choel (provincia de Río Negro). Fue educado en colegios religiosos de Capilla del Señor y Moreno. En su primera infancia la familia no sufrió necesidades, pero cuando su padre dejó de ser mayordomo de estancia y tuvo que rondar el puerto en busca de trabajo, como consecuencia de la década infame, las necesidades empezaron a abundar.

Su vocación era ser aviador, aunque su incursión en el mundo de las letras, en su adolescencia, lo marcaron para siempre. Cuentos policiales, traducciones para la editorial Hachette, artículos de periodismo cultural para diversos medios -entre los que figuran La Nación-, y un premio municipal de literatura figuran en su curriculum hasta el ‘56.

Cuando estaba a menos de un mes de cumplir treinta años, un dato lo interrumpió de su amodorrado refugio intelectual. En un café de La Plata, alguien le dijo que había un sobreviviente entre los fusilados, meses antes, en un basural por orden del gobierno nacional. Entonces se animó, salió y fue más lejos que la gran prensa y que la misma justicia.

Su vida cambió. Preguntó sobre la historia de los fusilados del ‘56, averiguó acerca de los fusiladores, encontró a sobrevivientes y nunca dejó de buscar respuestas, a fin de ampliarlas hasta que la luz encegueciera. Los jefes militares de la policía bonaerense lo pusieron en la mira.

Luego encaró otra investigación, la del asesinato de un poderoso abogado judío vinculado con el diario La Razón. Los responsables del SIDE, recién creado, también lo consideraron su enemigo por los datos que reveló.

Hastiado del sistema de complicidades e impunidad, viajó a Cuba, donde la incipiente revolución lo incorporó de inmediato, para fundar una agencia de noticias primero y ser espía después, hasta derivar en criptógrafo, descubriendo el desembarco en Bahía Cochinos con meses de anticipación.

Más tarde se refugió en el Delta, escribió con melancolía algunos cuentos, cultivó la ironía a través de dos obras teatrales y planificó una novela que nunca pudo terminar de redactar. Su andanza lo llevó a conocer al coronel que escondió durante años el cadáver de Evita. Recorrió el litoral junto a un fotógrafo, compañero de aventuras. Describió, en notas de antología, el rostro oculto del país que la megalópolis porteña desconoce, porque siempre intuyó que debía acompañar a los abandonados.

Luego de encontrarse con Perón en Madrid, fundó una revista gremial para los trabajadores. Sabía que el movimiento obrero era traicionado por sus principales dirigentes, y los enfrentó descifrando el asesinato de uno de ellos. Se incorporó al Peronismo de Base, recorrió villas, integró las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y luego se sumó a Montoneros. La llamada burocracia sindical y la Triple A también lo consideraron tropa enemiga.

El 24 de marzo de 1976 empezó la última dictadura, que oscureció el sol de los argentinos por más de un lustro. Un año después, con la masacre y el exterminio a pleno galope, Rodolfo Walsh estaba sufriendo un exilio interno; vivía refugiado, tratando de ayudar a la militancia abandonada. A veces pensaba que a la edad en que muchos jóvenes eran perseguidos por la jauría de los borceguíes, él se dedicaba a imitar a Capablanca en el tablero, a armar laberintos literarios para alguna trama policial, o reseñaba la obra de Doyle o Bierce diciendo que hacía periodismo.

Perdió a su mejor amigo, supo de la muerte violenta de su primera hija y terminó enfrentándose con la cúpula del movimiento guerrillero. Había cumplido cincuenta años y desde su refugio, en San Vicente, decidió salir a pelear cara a cara contra el terror desatado por fuerzas perversas. Blandió el arma que mejor usaba, su máquina de escribir, y redactó el informe más lapidario que tuvo el gobierno militar al cumplir el primer año de gobierno. Pagó la osadía con su muerte.

Hacía veinte años había publicado el libro más importante de su vida, Operación Masacre. Recordaba que en el prólogo de la primera edición decía: “Investigué y relaté estos hechos tremendos para darlos a conocer en la forma más amplia, para que inspiren espanto, para que no puedan jamás volver a repetirse”. Su deseo no se cumplió, y por eso escribió su último texto “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso de dar testimonio en momentos difíciles”.

Tal vez la mejor definición de Walsh no sea ni lo que dicen sus apologistas, ni lo que dicen sus detractores, sino simplemente “un hombre que se anima, y eso es más que un héroe de película”.

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jueves, 1 de mayo de 2008

Emergencia habitacional en Buenos Aires (Ultima parte)


Los desalojos son uno de los flagelos que aumentan el problema de vivienda en la Ciudad. Si bien no se dispone de estadísticas oficiales, a partir de la consulta de diversas fuentes se puede lograr una aproximación a la situación de emergencia habitacional que presenta la ciudad de Buenos Aires. La Defensoría de Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires realizó un interesante panorama sobre el tema.

Un informe de la Oficina de Estadísticas de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil del Poder Judicial de la Nación, permite precisar en 4833 el número de causas ingresadas a la Justicia Nacional, durante el ejercicio 2006, en concepto de desalojo —por falta de pago, por vencimiento de contrato, comodato, intrusos y otras causales. No se disponen de datos certeros que nos permitan establecer la cantidad de familias demandadas en cada causa. Sin embargo, se puede precisar que no menos de 19 mil personas se sumaron durante el año 2006 al universo de familias en emergencia habitacional .Y en ese año, la Justicia dictó mil novecientas setenta y seis sentencias de desalojo.

El Gobierno de la Ciudad aborda la emergencia habitacional a través del Programa de Atención a Familias en Situación de Calle, que depende del Ministerio de Desarrollo Social (hasta asumir Macri denominado de Derechos Humanos y Sociales). El objetivo del proyecto es el de asistir con un subsidio a aquellas familias que están en inminente situación de desamparo habitacional, o se encuentran transitoriamente sin vivienda o refugio por causa de desalojo. El programa está bajo la norma del Decreto 690/06 que prevé el otorgamiento de un monto de hasta $ 2.700 —que se abonan en seis cuotas mensuales de $ 450— a cada grupo familiar que acredite fehacientemente, con sentencia judicial de desalojo, su situación de emergencia habitacional. Cabe señalar que este programa, que directamente depende de la Dirección de Asistencia Inmediata de la Subsecretaría de Fortalecimiento Familiar, en la actual gestión solo atiende a familias y dejó de atender a personas individuales por falta de partidas presupuestarias. Anteriormente, no hacía esta discriminación. Consultados por ZOOM, en el Programa afirmaron desconocer el porcentaje de la reducción del presupuesto.

Un análisis de las prestaciones del programa aporta otra aproximación a la magnitud de la emergencia de viviendas en la ciudad. Es necesario destacar que el programa que se analiza está integrado por aquellos hogares en situación de desalojo cuyos ingresos son menores al monto resultante del índice correspondiente a la canasta básica alimentaria, elaborada mensualmente por el INDEC, por lo que esta población constituye apenas un segmento del universo total de hogares en emergencia habitacional.

Las tendencias y proyecciones que se registran en este segmento resultan útiles para lograr una comprensión más acabada de la problemática. Durante el ejercicio 2006 el Programa de Atención a Familias en Situación de Calle atendió a 4.146 hogares en emergencia habitacional. En ese contexto, la cantidad de hogares que quedaron en situación de calle y tramitaron un subsidio habitacional para afrontar el pago de un hotel o una vivienda transitoria se incrementó entre el primer y el segundo semestre del año 2006 en un 274 %. Y si se comparan los subsidios otorgados entre el primer y el cuarto trimestre de ese mismo año, se advierte que la cantidad de hogares que solicitaron su incorporación al Programa de Atención a Familias en Situación de Calle prácticamente se sextuplicó (con un incremento del 595%).

La situación descripta no registró mejoras en el 2007. Ascendió a 3657 el número de hogares en situación de calle que fueron asistidos por el Programa durante el primer semestre del año pasado. Es decir que, en apenas un semestre ese año, se atendió a casi la misma cantidad de familias que en todo el ejercicio del año anterior, lo que permite alcanzar una idea de la magnitud y la proyección del problema.

La tendencia en alza se verifica al comparar las prestaciones otorgadas por el Programa en el primer semestre del año 2007 con el mismo período del año anterior, registro que alcanza una variación del 330 %. Esto es apenas un panorama de la problemática, pero resulta lo suficientemente elocuente para mostrar el colapso habitacional y la tendencia alcista en materia de desalojos en la Ciudad de Buenos Aires.

El creciente desamparo en que se encuentra la población de menores recursos motivó una presentación de un proyecto de Declaración por parte de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad ante la Legislatura. Allí se sugiere a la Cámara de Apelaciones en lo Civil de la Nación que disponga, en cada juicio de desalojo efectuado en la jurisdicción, que los juzgados adopten las medidas necesarias para realizar un informe socio-ambiental. Si el incumplimiento de las obligaciones contraídas que llevan al desalojo obedece a razones socioeconómicas ajenas a la voluntad de los demandados, se sugiere que los tribunales actuantes realicen un oficio judicial que incluya una copia del informe socio ambiental al Ministerio de Derechos Humanos y Sociales del Gobierno de la Ciudad para que adopte las medidas habitacionales o de protección correspondientes.

Pese a la gravedad de la situación habitacional, se han dictado numerosos juicios de desalojos, muchos de los cuales ya tienen sentencia firme. Estos veredictos se fueron ejecutando y se dejó en la calle a más de 2.300 grupos familiares de escasos recursos.

En este preocupante contexto social, es curioso el hecho de que algunos de los desalojos ejecutados —o en agenda— alcancen a predios de propiedad del Estado Nacional, como el que se llevó a cabo en un predio ubicado entre las calles Miravé, Alfayate, Suárez y Zavaleta, frente a la Estación del tren Buenos Aires, de la ex línea Belgrano Sur. Como resultado del operativo, más de cuatrocientas familias fueron desalojadas. El lugar estaba afectado al Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (ONABE). La orden fue dictada por el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Contencioso, Administrativo Federal Nº 9, a instancias de esta repartición estatal. Las familias desalojadas fueron asistidas por el Gobierno de la Ciudad con un subsidio habitacional de $ 450 mensuales, por el plazo de seis meses. Al término de dicho plazo estas familias pasaron a engrosar, mayoritariamente, el universo de hogares alojados en hábitats informales de la Capital o el Gran Buenos Aires.

El Estado Nacional también es el propietario de otro predio —lindante a la Villa 21/24 de Barracas— en el que habitan más de cien grupos familiares de escasos recursos, que fueron objeto de una acción de desalojo en trámite por ante el Juzgado Federal Nº 6, Secretaría 11. Un fallo del juez Roberto Gallardo en el que se ordenó al Gobierno de la Ciudad, abstenerse “de cualquier acción de desalojo o expulsión, sea cual fuere su modalidad operativa, que pudiere vincularse con los habitantes de la Villa 21/24 que ocupan un predio de la zona de Barracas”, los salvó de su seguro destino.

Las familias que habitan la Villa 21/24, forman parte de un asentamiento que, al igual que otras villas de la ciudad, ha sufrido un crecimiento demográfico exponencial en los últimos años. Este crecimiento desmedido, que en dos décadas acumuló una variación del 800%, determinó un proceso de densificación poblacional que implicó la expansión en altura con expansión casas de dos, tres y cuatro pisos, y hacia los predios aledaños.

Si se concretaba ese desalojo en Barracas, era muy probable que estas familias no recibieran un subsidio habitacional. Esto es así ya que, como consecuencia de la envergadura de la emergencia habitacional, el Programa de Asistencia a Familias en Situación de Calle ya había ejecutado las partidas presupuestarias afectadas para el ejercicio 2007.

En el mismo estado de precariedad están las más de sesenta familias alojadas en el inmueble, también de propiedad del Estado Nacional, ubicado en la calle Solís 693 que se encuentra afectado a la Administración Nacional de Seguridad Social. La causa tramita ante el Juzgado Correccional Nº 3, secretaría Nº 60.

Pobreza, hacinamiento, trabajo precario o desempleo, hábitat informal, discriminación y exclusión son aspectos constitutivos del déficit habitacional de la ciudad de Buenos Aires. Es hora de que el Estado porteño empiece a encontrar alguna solución y no mire el problema de costado. Ya hace rato que entramos en tiempo de descuento.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom

“Nosotros no tenemos a dónde ir”.


Detrás de fríos números sobre la Emergencia Habitacional de la ciudad de Buenos Aires hay personas e historias que no salen a la luz y que la mayoría mira de costado. Es que para mucha gente es difícil ponerse en el lugar del otro y comprender el drama profundo de los sin techo. Historias como las de Juan y Graciela que viven bajo la Autopista 25 de Mayo y sobre la calle Pasco, describen el desamparo de no tener adónde vivir.

Cuenta Graciela: “Hace tres días que estamos acá y por ahora no nos corrieron. Nos tuvimos que ir de un terreno baldío de México y Alberti porque ahí paraban personas muy violentas que se emborrachaban y nos amenazaban con cuchillos. Antes dormíamos en la Recova de Once, donde se juntaba mucha gente a la noche. Con él (por Juan) vivíamos en un hotel cuando cobrábamos el subsidio de parte del Gobierno (de la Ciudad), pero este beneficio solo puede pedirse dos veces según me dijeron. También ahí vivíamos con mi mamá que es muy viejita. Al final con ella terminamos viviendo en el Hospital Piñeiro internadas y después yo la dejé ahí para que se la llevaran a un asilo. Encima tengo miedo que me acusen de abandono de persona, pero no tenía otra salida que dejarla ahí. No sé a dónde la llevaron así que no la pude ver más y para mí es un dolor muy grande. Lo único que pido para mi vida es trabajo, porque cuando me quedé sin trabajo también me quedé sin casa y perdí mi autoestima. Yo antes era otra persona: me arreglaba, estaba alegre, ahora no sé a dónde voy a estar el día de mañana”.

Juan miraba a Graciela como esperando el turno para hablar. El también tenía cosas que decir: “Yo cartoneo y vivimos al día. No puedo conseguir un subsidio porque me quedé sin documento y cuando lo fui a hacer, por Villa Urquiza donde vivía, me dijeron que debía pagar 5 pesos por la foto y yo no tenía la plata. Cobraba un subsidio que me permitía vivir en un hotel, pero se me venció la constancia del documento en trámite y por eso no puedo cobrar más. Ahora vivimos en la calle, al menos bajo la Autopista no nos mojamos cuando llueve. Aunque cada 3 meses la policía te puede correr del lugar. Si vamos a los hogares municipales nos llenamos de piojos o sarna y hasta te pueden robar lo poco que tenés. Encima, hay que levantarse a las 7 de la mañana porque a esa hora te echan. Nosotros no pedimos nada, solo casa y trabajo”.

Adriana vino del Chaco y terminó recalando al costado de las vías del ferrocarril Roca en Barracas. “Al menos después de recorrer varios lugares de la Capital encontramos un lugar para vivir. Acá no hay agua y apenas tenemos luz, pero al menos tenemos un techo. La casa será de chapa y cartón, pero algo es algo. Yo no quiero volver a la calle, tengo cinco chicos y si no me quedo acá, no tengo a dónde ir”.

Ramón, que vive en el asentamiento de Gallo y Corrientes, contó que “por suerte tenía un familiar acá y pude hacerme una casita de material. A veces tenemos amenazas de desalojo, pero yo creo que vamos a resistirnos a eso, si nosotros no tenemos a dónde ir. Yo trabajo en una curtiembre de la zona pero con lo que gano no llego a fin de mes. A veces tengo suerte y consigo alguna changa para zafar”.

Estos son testimonios que valen más que mil palabras, que mil promesas. Da vergüenza que en la Argentina muchas personas no tengan acceso a dos derechos fundamentales para la dignidad de un ser humano: la vivienda y el trabajo.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom

Conclusiones de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad

En el extenso informe sobre las causas de la emergencia habitacional en la ciudad de Buenos Aires, la Defensoría del Pueblo, en busca de encontrar una solución al grave problema de la vivienda, llega a estas conclusiones que transcribimos a continuación.

La problemática habitacional en la Ciudad de Buenos Aires requiere un giro conceptual. La situación de colapso actual es el resultado de años de políticas ineficaces que han demostrado una escasa capacidad para abordar y resolver este flagelo pero es el resultado de un modo de concebir esta problemática como un hecho coyuntural o episódico producto de un mero desajuste temporal.

El problema de la vivienda y del hábitat informal, al igual que la desigualdad social, la pobreza y la exclusión no son problemáticas accidentales ni de sencilla resolución.

El hábitat informal representa la manifestación espacial de la pobreza urbana. Este tipo de hábitat traduce un nivel de integración urbana pero no social. La población pobre de la ciudad, excluida de los bienes y servicios básicos como la vivienda, el agua corriente, la red cloacal, el gas y la electricidad es también la población pobre excluida del mercado formal del trabajo y, frecuentemente, es también la población excluida de los sistemas de participación política y de toma de decisiones –no son los “ciudadanos” sino los “asistidos” por las prácticas asistenciales del Estado.

Los centros urbanos se expanden a pasos agigantados y en un futuro cercano la mayor parte de la población se concentrará en las ciudades. Sin una adecuada, oportuna, planificada, consensuada y eficaz intervención del Estado la pobreza urbana continuará creciendo de modo exponencial y con ella se agravará la problemática habitacional ya que las ciudades, en su configuración actual, se encuentran lejos de poder ofrecer condiciones equitativas de acceso al suelo urbano, a la infraestructura y a los servicios para los pobres urbanos.

En el estado actual de situación aquellos sectores de la población metropolitana que concentran el poder adquisitivo son los destinatarios de las nuevos emprendimientos y de la expansión urbana. Aquellos otros que sólo tienen la necesidad son los excluidos del mercado y del goce de aquellos derechos que nuestra carta magna local garantiza.

Resulta necesario admitir que la ciudad informal es el resultado de la ausencia de políticas estatales de envergadura, estables, previsibles, consensuadas y sostenibles y no el resultado de la voluntad o el capricho de sus productores. Hay una ausencia notoria de políticas que se orienten a erradicar la pobreza y a radicar a los pobres, mediante estrategias de intervención que tengan su norte en los derechos y no en la posibilidad de pago de este universo poblacional.

El tema central de debate es el planeamiento urbano sostenible que garantice una ciudad equitativa, eficiente e inclusiva, donde los sectores de menores recursos tengan el lugar y gocen efectivamente de los derechos que se le reconocen a todos los ciudadanos.

La percepción y el reconocimiento del nivel de criticidad que presenta el problema en la actualidad, es el primer paso en el camino de la solución.

Reconocer el problema de la vivienda importa discernir las causas que lo determinaron y actuar en consecuencia. Para ello resulta imprescindible estructurar una agenda habitacional que permita abordar eficazmente la problemática de la vivienda en la Ciudad y que incluya algunos de los puntos que se proponen:

Suspensión inmediata de los desalojos de inmuebles o predios de propiedad del Estado local y del Estado Nacional.

Declaración Legislativa de la Emergencia Habitacional en la Ciudad.

Transferencia inmediata de partidas presupuestarias que garanticen la asistencia de los grupos familiares que quedarán en situación de desalojo en los próximos meses.

Convocar a distintos actores de la sociedad civil que trabajen en temas relacionados con el hábitat –ONGs, Organizaciones Confesionales, Universidad, Organismos de Control, Organizaciones Barriales, Sociales y Territoriales- a debatir una Agenda Habitacional que elabore propuestas de corto, mediano y largo plazo y que garanticen la participación efectiva de la sociedad en el diseño y ejecución de las medidas.

Ley marco de vivienda a nivel local que defina la política habitacional y precise los alcances y contenidos del Derecho a la Vivienda y del Derecho a la Ciudad incorporando los estándares internacionales en materia habitacional.

Propiciar herramientas e instrumentos de coordinación con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y las autoridades locales de la Región Metropolitana del Gran Buenos Aires (AMBA) en materia habitacional y articular programas de vivienda entre ambas jurisdicciones.

Políticas se intervención en el mercado que faciliten el acceso a la vivienda de los sectores de menores recursos (políticas de incentivo a la producción de vivienda en áreas postergadas de la ciudad; incentivos a la producción de ciertas categorías de viviendas -“sencilla” o “confortable”-; desalentar el mantenimiento de tierras vacantes e inmuebles ociosos; entre otras).

Conformación efectiva de un Banco de Inmuebles con fines sociales que incorpore tierras e inmuebles del Gobierno de la Ciudad, del Estado Nacional o Provincial y tierras de dominio privado que resulten aptas para la construcción.

Inventariar y recuperar –afectándolos a programas de vivienda social- el Patrimonio Inmobiliario Estatal que no tenga un fin específico.

Desarrollo de Programas que aborden efectivamente la emergencia habitacional a través de políticas que asistan a las familias en el corto plazo y se articulen con operatorias de mediano y largo plazo que propicien soluciones sustentables.

Incorporar –de modo efectivo- la participación de la ciudadanía en la planificación, diseño, ejecución y control de los programas habitacionales.

Mecanismos de financiación y programas de subsidio a la demanda que sean eficaces, que aseguren un monto que viabilice la compra de inmuebles en la ciudad y modalidades y plazos de ejecución que se ajusten a la celeridad que presentan las transacciones inmobiliarias en el mercado privado.

Programas de subsidio a la oferta de viviendas que prioricen a los sectores de menores recursos.

Diseño consensuado de un Programa Integral de regularización de villas y asentamientos que reconozca explícitamente el derecho de la población residente a ocupar el espacio urbano en igualdad de condiciones con el resto de la ciudad; que valorice el proceso de producción de hábitat efectuado por los ocupantes; que garantice la disponibilidad del suelo urbano necesario; que establezca metas por etapas y plazos objetivos, que se oriente a resolver los problemas más urgentes –construcción y mejoramiento de viviendas, infraestructura y servicios adecuados, regularización dominial, equipamiento comunitario- y que asegure la participación efectiva de los afectados y de las organizaciones de la sociedad civil en la etapa de diseño y ejecución de los programas. Para el caso de asentamientos que se emplacen en predios que no son susceptibles de ser urbanizados (terrenos lindantes con las vías del ferrocarril, bajo autopistas, etc) se debe asegurar la radicación de la población en tierras aptas cercanas a su lugar de emplazamiento.

Programas de viviendas transitorias

Programas de vivienda en arriendo y/o comodato para adultos mayores autoválidos y mujeres jefas de familia.

Promoción de políticas que favorezcan los procesos de autogestión del hábitat.

www.revista-zoom.com.ar/articulo2143.html

miércoles, 23 de abril de 2008

Emergencia habitacional en Buenos Aires


La ciudad de Buenos Aires sufre una grave emergencia habitacional, principalmente en la zona sur. Un informe de la Defensoría del Pueblo ofrece una radiografía concreta de la crisis de viviendas que sufre la Capital Federal, que se constituye en una de las problemáticas más preocupantes y sin un lugar cierto en la agenda pública del gobierno porteño.

Con el paso de los años, la crisis habitacional de la ciudad de Buenos Aires fue empeorando. Sin estadísticas oficiales que den un verdadero testimonio de esta realidad, en el período 2001/2002 se estimaba que entre el 15 y el 20% de la población de la ciudad se encontraba en una situación habitacional deficitaria.

En 2004, la Legislatura de la Ciudad Autónoma declaró en estado de “Emergencia Habitacional” a Buenos Aires por un plazo de tres años. En la actualidad, se discute si ese status debe extenderse. En la Capital uno de los problemas es la dificultad para acceder al suelo por los altos precios de mercado, lo que lleva a que no se pueda cumplir con los estándares internacionales de la vivienda.

La gran mayoría de la población de escasos recursos, ante la imposibilidad de calificar en los esquemas y mecanismos tradicionales del mercado, resuelven su necesidad de alojamiento con alternativas calificadas como “informales”. La característica de este tipo de hábitat es la precariedad, la falta de seguridad que presenta la tenencia y, a su vez, la mayor exposición o riesgo al desalojo. En ese tipo de informalidad urbana entra la población que reside en villas de emergencia, asentamientos precarios, casas tomadas, hoteles, conventillos, pensiones o predios ociosos.

El Estado posee un rol fundamental en la cuestión de la vivienda y la producción del hábitat informal. Su intervención en la regulación del mercado del suelo y otros mercados relacionados (vivienda, crédito, alquileres) tiene un fuerte impacto sobre el acceso a la vivienda de la población de menores recursos y su inacción fomenta la crisis. En la Ciudad, luego de la debacle del 2001, el mercado de la construcción y la actividad inmobiliaria cobraron un impulso importante. Pero este mayor dinamismo respondió a una lógica especulativa, ya que el mercado de inmuebles se transformó en la opción más segura para la colocación de ahorros. Así, la construcción se convirtió en un negocio rentable para los privados y los emprendimientos urbanos de magnitud.

Esta situación no sólo tuvo una escasa o nula incidencia en la reversión del déficit habitacional, sino que contribuyó a incrementar el valor del suelo y de los inmuebles, lo que dificultó el acceso a la vivienda de los sectores de menores recursos. Esto también se vio reflejado en los alquileres, donde aumentó el valor de los cánones locativos y los requisitos exigidos por los dueños para calificar como locatarios. Esto desató una selección natural de inquilinos que excluyó del mercado a los sectores medios y bajos.

El desarrollo de políticas públicas en materia habitacional es fundamental para la solución del problema. Sin la intervención estatal se excluye a amplios sectores de la población del acceso a la vivienda y contribuye a acrecentar el hábitat informal.

El drama de la vivienda en la ciudad requiere reformular el rol del Estado en las últimas décadas. No se lo puede tratar más como un problema inevitable o meramente coyuntural producto de un desajuste transitorio, ya que la situación se agrava día a día. Y en lo cotidiano, los desalojos son moneda corriente y el Estado no tiene una respuesta adecuada para abordar este terrible problema. Si para cualquier persona esto resulta un hecho evidente, para la burocracia estatal pareciera que la problemática habitacional no ha alcanzado la gravedad necesaria para ser incorporada a la agenda pública.

El déficit habitacional es un indicador de la cantidad de viviendas faltantes en relación con el número de hogares. Según los datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda del año 2001 en Buenos Aires se registra un total de 1.024.231 hogares para una población total de 2.725.091 personas.

El total de hogares en situación deficitaria, es decir hogares que no reúnen condiciones mínimas de habitabilidad, se distribuye en: viviendas irrecuperables (ranchos, casillas, local no construido para habitación, vivienda móvil); viviendas recuperables –casas tipo B (se refiere a todas las casas que cumplen por lo menos con una de las siguientes condiciones: tienen piso de tierra o ladrillo suelto u otro material –no tienen piso de cerámica, baldosa, mármol, madera o alfombrado- o no tienen provisión de agua por cañería dentro de la vivienda o no disponen de inodoro con descarga de agua); piezas de hotel o pensión; en piezas en inquilinatos y hogares que presentan situación de hacinamiento por cuarto.

En 2001, más de 86.000 hogares de la ciudad, sufrían alguno de estos problemas. Este total general incluye situaciones habitacionales de diverso nivel de gravedad, desde las construcciones que deben ser reemplazadas en razón de resultar irrecuperables hasta las viviendas que son pasibles de ser recuperadas (casas tipo B). El censo da cuenta asimismo de dieciocho mil seiscientos ocho (18.608) hogares en piezas de hotel o pensión y veinte mil ochocientos veintiseis (20.826) residiendo en piezas de inquilinato, así como el total de hogares que presentan sobreocupación de los ambientes por inadecuación entre las dimensiones y el tamaño del hogar.

Otras fuentes oficiales indican que, ya en el año 2002, las situaciones deficitarias por hacinamiento o carencia de vivienda afectaban a unas 400.000 personas en riesgo habitacional, de las cuales un 51% pertenecía al nivel socioeconómico más bajo, un 34% al segmento medio bajo y un 15% al segmento medio.

El desequilibrio estructural de la ciudad hace que la crisis habitacional golpee de modo diferenciado según la situación socioeconómica y la localización geográfica de la población. En la zona sur, donde vive el 31% de los porteños, se encuentra el 60,2% de personas con necesidades básicas insatisfechas (NBI), mientras que en el noroeste, que concentra el 23% de la población, sólo vive el 10% de las personas con NBI.

Las familias que residen en hábitat calificados de informales o irregulares se incrementan día a día. En el año 2002 se calculaba en más de 100.000 las personas residiendo en villas de emergencia; 200.000 las que habitaban inmuebles ocupados; 70.000 alojadas en inquilinatos (de las cuales el 50% se encontraban en situación irregular por no pagar el alquiler); 70.000 en hospedajes y 120.000 alojadas en viviendas de familiares o hacinadas en vivienda propia. Así cerca del 20% de la población metropolitana se encontraba en situación habitacional deficiente.

El mercado privado

La actividad de la construcción en el ámbito privado registró un fuerte crecimiento y se transformó en el sector más dinámico de la Ciudad durante el año 2006. Esta evolución queda en evidencia a través de indicadores como la superficie total construida en m2 y/o la evolución de permisos de construcción otorgados por la autoridad de aplicación.

Por ejemplo, en 2005, la superficie construida se duplicó con relación al año 2001. Dicho incremento fue superior al 600% si la comparación es respecto al ejercicio 2002. Este incremento respondió a una lógica especulativa. Luego del corralito, el corralón y la devaluación de 2001/2002, el mercado de inmuebles se había constituido en la opción más segura para la colocación de ahorros. Este mayor dinamismo del sector se encontró con una actividad regulada exclusivamente por las leyes de la oferta y la demanda y un mercado en el que el Estado mantiene una amplia prescindencia. Y la mayor actividad se concentró en la zona norte de la ciudad, especialmente en los barrios de Palermo, Villa Urquiza, Caballito, Belgrano y Puerto Madero. Según informa la Encuesta de Seguimiento de Obras (DGEyC), esta tendencia se mantuvo en el año 2006, ejercicio en el que la mayor actividad del sector se concentró también en los cinco barrios mencionados, centralizando el barrio de Palermo más de 300.000 m2 construidos en tanto que Puerto Madero concentró entre 100.000 y 150.000 m2 construidos. Esto provocó las quejas de vecinos porque esta desregulación constructiva trajo aparejado problemas de insuficiencia en las redes tanto cloacal y pluvial como de agua potable; problemas con el transporte; deficiencias notorias en los servicios de salud y educación así como carencia de espacios de esparcimiento. La situación dio lugar a diversos amparos ante el Fuero Contencioso Administrativo y Tributario local y el dictado del Decreto nº 1929/06 a través del cual el Jefe de Gobierno suspendió –por 90 días- el trámite de los permisos de obra nueva o ampliación en varios barrios porteños en razón de la necesidad de evaluar los efectos que el crecimiento edilicio provocaría sobre la infraestructura de servicios disponibles.

En contraste a ello, en la zona sur de la ciudad –donde reside el 60,2% de personas con necesidades básicas insatisfechas- la situación es absolutamente distinta. Estos barrios -en los que hay menos metros cuadrados construidos o permisos otorgados que se verifican- han mutado escasamente en el último lustro. Según la Dirección General de Estadísticas y Censos (DGEyC) del GCBA, la superficie construida en la zona sur de la Ciudad se mantiene dentro del quintil 0-50.000 m2. En Villa Riachuelo, Villa Lugano, Villa Soldati, Nueva Pompeya o La Boca la cantidad de permisos solicitados para vivienda nueva en el año 2005 se mantuvo en la franja de 0-100, mientras que en Belgrano, Villa Urquiza, Palermo, Caballito o Puerto Madero, se superaron los 600 permisos.

Otro dato relevante, relacionado con este importante impulso constructivo, es la escasa incidencia que ha tenido la evolución del sector privado en revertir o atenuar el déficit habitacional que presenta la Ciudad. Así se advierte que sobre un total de quince mil ciento ochenta y nueve (15.189) permisos de contrucción para viviendas nuevas solicitados en el año 2005, el 50% fueron para la construcción de viviendas lujosas y suntuosas. En tanto que para la construcción de viviendas sencillas sólo se computa el 26% de los permisos solicitados.

El precio del suelo y valor de los inmuebles en la Ciudad resultan otros dos datos relevantes en el análisis de la emergencia habitacional. Ambos mercados han registrado en los últimos años importantes incrementos que los tornan cada vez más inaccesibles para los sectores medios y medios bajos de la sociedad.

Con relación al mercado del suelo, en el año 2002 –como consecuencia de la devaluación- el valor del metro cuadrado promedio en la Ciudad registró un descenso de más del 50%. Sin embargo, un año después, el mercado ya había recuperado casi completamente los valores anteriores a la crisis y desde entonces el incremento del valor del suelo no se ha detenido. La comparación del valor promedio por metro cuadrado registrado en la ciudad en el año 2006 respecto al registrado en el año 2001 refleja un incremento del 63 % por m2. La variación asciende al 230% si el valor del metro cuadrado se efectúa con relación al ejercicio 2002.

El comportamiento verificado en el mercado de inmuebles en la ciudad acompañó las variaciones del mercado del suelo urbano. Si bien no existen estadísticas oficiales al respecto, un relevamiento realizado por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, sobre la base de datos proporcionados por el sector privado, parece confirmar esta tendencia alcista.

Alquilar en Buenos Aires

El alquiler es una alternativa muy difundida en la Ciudad de Buenos Aires. Datos del Indec, del año 2001, especificaban que el 11,1% de los hogares de todo el país habitaban en viviendas alquiladas. En el mismo período, en la ciudad de Buenos Aires, esto se duplicaba con el 22,2 % del total de hogares. Y esta tendencia iba en aumento, ya que según los datos suministrados por la DGEyC, del GCBA, el porcentaje en el año 2006 ascendía al 27,7%.

Una consecuencia necesaria del incremento en el valor de los inmuebles lo constituye el aumento de los cánones locativos y la menor oferta de propiedades en alquiler que se han sumado al mercado de la construcción y de la compra-venta de inmuebles.

La disminución en la oferta de propiedades en alquiler dejó a un sector importante de la población con su demanda de vivienda insatisfecha. A su vez, el aumento de los cánones locativos –producto de una sobrevaluación de la renta inmobiliaria- llevó a una selección natural de inquilinos que excluyó a los sectores medios y bajos, donde muchos de los ingresos provienen del empleo informal y generalmente no reúnen algunos de los requisitos exigidos por los locatarios como, por ejemplo, las garantías propietarias.

El sistema de créditos resulta otro factor determinante del acceso de la población a la vivienda y juega también un papel relevante en la producción edilicia. En los primeros años de la crisis (2001 y 2002) la evolución de los créditos hipotecarios acompañó la caída del sector de la construcción. A partir de los años 2003 y 2004 siguieron esa tendencia a la baja mientras que el valor agregado del sector hizo crecer la actividad a pasos agigantados. Los créditos se mantuvieron estancados en el año 2005 y recién en el ejercicio 2006 mostraron una recuperación, que de todas formas es mucho menor en comparación a la suba en el sector de la construcción. Este mercado se ha caracterizado históricamente por orientarse hacia el sector formal de la economía por lo que resulta de difícil acceso para vastos sectores de la población que mayoritariamente no califican con las exigencias de la banca privada.

En el año 2006, el Estado Nacional desarrolló un programa de créditos para inquilinos que tuvo como norte flexibilizar las condiciones de acceso y ampliar el universo de familias que puedan calificar como postulantes. En el 2006, la operatoria de créditos personales hipotecarios para la vivienda Nación Mi Casa – Segmento Inquilinos, que implementó el Banco de la Nación Argentina, recepcionó mil setecientas veinticinco (1.725) solicitudes en la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires. De esas presentaciones sólo sesenta (60) tienen el crédito otorgado. Al mes de agosto de 2007, esa entidad bancaria había recibido mil seiscientas veintidos (1.622) solicitudes de créditos hipotecarios, de los cuales ochocientas treinta y tres (833) fueron otorgados. Es decir que, entre el año 2006 y agosto de 2007 solo se alcanzó a cubrir el 26,5 % de la demanda, lo que representa menos del 0,5% de los hogares en alquiler en el distrito metropolitano.

Estas son las distintas variables de un grave problema que aqueja a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires. Si el Estado no toma cartas en el asunto, su solución se encontrará en el laberinto de los imposibles.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom

domingo, 13 de abril de 2008

La otra cara del paro agropecuario: "Queremos trabajar"



Más allá de la disputa entre el gobierno y el sector agropecuario por las retenciones, el lock out patronal afectó a muchos trabajadores y no sólo por la falta de alimentos por los bloqueos. Fue la parte del paro que no se vio y de la que pocos hablan o de la que los medios le dieron poca atención. Este fue el caso de los obreros de los mataderos y frigoríficos que, al no ingresar vacas al mercado durante el lock out, ya no tenían producción y sus ingresos fueron escasos o nulos. Revista ZOOM estuvo con los trabajadores del Matadero y Frigorífico Recuperado “La Foresta”, situado en Virrey del Pino, para conocer esa realidad que muy pocos quisieron ver.

El miércoles 26 de marzo comenzó en la Unidad Productiva Recuperada con 30 vacas para faenar después de 5 días sin faena bovina. Esto es nada comparado con los 2.700 animales semanales que hace el matadero y frigorífico en épocas normales (alrededor de 540 por día). Semejante cuadro se debía a que el Mercado de Liniers llevaba casi dos semanas sin operar a raíz del paro agropecuario.

Antes de comenzar con la tarea, los trabajadores realizaron una asamblea para decidir qué hacer ante el sombrío panorama. Así los uniformes blancos comenzaron a copar la escena y alrededor de un árbol se juntaron los 200 laburantes de la planta. En sus caras se notaba la preocupación por una situación que los tenía como rehenes y de la que surgían dos opciones: esperar a que se solucionara el conflicto sin tomar ninguna medida o tomar cartas en el asunto para hacer conocer la situación que vivía el sector.

A medida que la asamblea se desarrollaba, quedaba en claro que sin trabajar era imposible pagar la cuenta de luz del mes, que llegaba a la suma de $82.000 pesos. Y que si se sumaba a la del próximo mes la cuenta iba a llegar a $182.000. Todo esto bajo la amenaza de que Edenor en cualquier momento cortara el suministro por falta de pago.

Los trabajadores no tienen colchón para aguantar el paro y viven de lo que producen. La situación era desesperante. A esto se suma que, por esta causa, ningún trabajador puede hacer un retiro de dinero para hacer frente a las necesidades cotidianas y que la Unidad Recuperada entraba en crisis de pagos, frente a las obligaciones que empezaban a vencer. Todavía hoy no hay un cálculo real de cuál fue la pérdida de los actores que le dan valor agregado a los productos del campo y otros que se vieron afectados por la medida. El lock out generó crisis en lugares donde no la había. De esto, los medios hicieron oídos sordos.

Durante la asamblea, Chiqui Díaz y el Gaucho Yaquet hicieron uso de la palabra. Para ellos lo más importante era conservar la unidad de los trabajadores y por eso todos decidirían los pasos a seguir. La opción que ganó fuerza fue la de movilizarse ese viernes al Ministerio de Trabajo y contactar a los trabajadores de los distintos frigoríficos de la zona oeste.

Por la tarde, Chiqui, el Gaucho y Christian Montiel de La Foresta se reunieron en González Catán con los delegados de los trabajadores de distintos frigoríficos de la zona, entre los que estaban Mario Soria, Adrián Aranda y Gustavo González, y lanzaron la propuesta definida en la asamblea: realizarían para el viernes una marcha al Ministerio de Trabajo para explicar la situación de los trabajadores del sector. El jueves, a través de distintas asambleas en los demás frigoríficos, se ratificó lo decidido el miércoles. La movilización ya era un hecho.

La jornada de aquel viernes en La Foresta comenzó temprano. Los trabajadores empezaron a llegar a la planta recuperada e iniciaron los preparativos para la marcha. Un grupo llevaba una gran bandera argentina con una consigna pintada en aerosol: “Queremos Trabajar, basta de Lock out patronal”. Se subieron a los micros y en la ruta 3 se les sumaron los trabajadores de los demás frigoríficos, entre los que había obreros en relación de dependencia y de las fábricas recuperadas. En total estaban representados 10 establecimientos de la zona oeste de la Provincia de Buenos Aires y Capital Federal. La última parada antes de llegar a destino fue un frigorífico de la ciudad de Buenos Aires, pero allí surgió un problema: esos compañeros estaban cumpliendo la garantía horaria y el dueño no los dejaba ir a la movilización. Entonces los trabajadores presionaron y lograron torcerle el brazo al patrón que resignadamente aceptó que fueran a la marcha. Así ya no quedaban obstáculos para la parada final: el Ministerio de Trabajo.

Los micros llegaron a la plaza de Leandro Alem y Tucumán. Allí se hizo una asamblea de los 400 trabajadores movilizados. Se remarcó el objetivo de la movilización y se cortó la avenida Alem para marchar hacia el Ministerio de Trabajo. Era una marea de gente vestida de color blanco que caminaba entre bombas de estruendo y otros elementos de pirotecnia. Presidía la movilización esa gran bandera argentina con la consigna “Queremos trabajar”.

En el Ministerio los recibió Jorge Schuster, asesor del Ministro de Trabajo, y pasaron para dialogar un representante por cada planta, entre los que estaban Mario Soria, Adrián Aranda, Gustavo González, Christian Montiel y Marcelo Yaquet, representantes de los Autoconvocados Trabajadores de la Carne. Entre los puntos conversados se destacaron:

1. El pago de las garantías horarias disminuye el jornal de la trabajadora y el trabajador en un 40%.

2. Los trabajadores contratados por agencia no percibían las garantías horarias.

3. El retiro de los trabajadores de las unidades productivas recuperadas (UPR) era cero.

4. Amenazas de suspensión en los Mataderos y Frigoríficos, de continuar la situación existente.

5. Crisis financiera de las UPR (Unidades Productivas Recuperadas).

Fuera del tema lock out, también se abordaron otras problemáticas, como las irregularidades de todo tipo por parte de las agencias de trabajo y el escenario irregular del Sindicato del Personal de Frigoríficos de Carne representado ilegítimamente por Juan Peretti. También las denuncias y los expedientes abiertos, en el área correspondiente del Ministerio, que no tienen curso alguno.

Al salir de la reunión, en la plaza se realizó otra asamblea donde los representantes informaron sobre los temas tratados. Se decidió hacer un comunicado de prensa explicando los objetivos de la movilización y para hacer más explícitos los reclamos. Estos fueron los puntos más destacados del comunicado:

Los Trabajadores Autoconvocados de la Carne decidimos marchar hacia el Ministerio de Trabajo porque entendemos que es el lugar donde debemos llevar nuestras inquietudes y necesidades, exigiendo que se respeten las leyes existentes.

También rescatamos los aspectos positivos de la movilización, decidida en las asambleas de base:

a) reconocimiento a los Trabajadores Autoconvocados de la Carne; manifestada en una próxima reunión para el jueves 3 de abril, para evaluar la situación nacional y las respuestas a las inquietudes y necesidades presentadas.

b) demostración de la capacidad de movilización, organización y decisión democrática de los trabajadores sin contar con ninguna estructura sindical, ni confederal, decidida el día anterior a dicha movilización.

Recuperar la dignidad y el sindicato para los trabajadores de la carne, es nuestro objetivo.

Cuando la movilización concluía y los trabajadores se encaminaban hacia los micros para regresar a sus hogares, un trabajador comentó algo que lo había dejado profundamente conmocionado: “vi una imagen con varias medía reses tiradas en el medio de una ruta cortada por los productores agropecuarios. Y me pregunté ¿qué dirían los poderosos y los medios si esta acción la hubiésemos llevado adelante los trabajadores?"

http://www.revista-zoom.com.ar/articulo2087.html

Por Roberto Koira para Revista Zoom