jueves, 23 de octubre de 2008

Una clase de dignidad


Las 100 horas de vigilia de los docentes frente a la Jefatura de Gobierno comenzaron con represión policial, y se amplificaron con un paro nacional y una marcha nutrida. Macri sigue negando el aumento salarial y la Legislatura busca una salida antes de las 48 horas de huelga anunciadas para los próximos días. Opinan los Secretarios Generales de UTE y ADE.

Llovía torrencialmente pero no importaba. La defensa de la educación estaba primero. El martes 21 de octubre los docentes empezaron a decirle basta a la sordera y la soberbia de Mauricio Macri, quien parece no haber asumido la Jefatura de Gobierno y continuar en la nebulosa de las promesas de campaña.

La represión desatada un día antes lo hizo posible. Miles de personas marchaban hacia la sede de Gobierno Porteño para decirle basta a la destrucción del sistema educativo. En ese mar de guardapolvos blancos, el tiempo también descargaba su bronca y se sumaba a las 10.000 asistentes que colmaron la Avenida de Mayo al 500.

El que no podía disimular su bronca era Francisco Tito Nenna, Secretario General de UTE (Unión de Trabajadores de la Educación), que se descargó con Revista ZOOM:

—Lo que pasó el lunes marca la política represiva del gobierno de Macri. Frente a una acción en paz, que significaban 100 horas de vigilia esperando respuestas al conflicto educativo, la respuesta fue una represión indiscriminada. La carpa estaba colocada para guarecernos del tiempo y el Gobierno de la Ciudad dio lugar a un fiscal para el traslado de la carpa. Esa fue la excusa de una represión indiscriminada que dejó a tres compañeros heridos. Esa misma tarde trajimos una carpa más pequeña para ratificar que hasta el jueves 23 a las 4 de la tarde vamos a quedarnos estas 100 horas en paz reclamando la resolución del conflicto educativo.

—¿Ustedes creen que para Macri la educación es algo secundario?

—El jefe de Gobierno va llevando adelante una política con mentalidad netamente empresarial, donde las políticas públicas no son responsabilidad del Estado, ni su prioridad como derecho social que es la educación. Por lo tanto, nosotros denunciamos la destrucción de la escuela pública, no solamente desde los salarios docentes, sino también por el no otorgamiento de becas a los alumnos de las escuelas secundarias, por la reducción de la cantidad y la calidad de las comidas y por las problemáticas de infraestructura con la subejecución presupuestaria. En definitiva, estamos planteándonos una desatención del sistema educativo por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

—¿La consideran una política adrede para destruir el sistema educativo?

—Sí, por supuesto, nosotros alertamos a toda la sociedad sobre la destrucción de las políticas públicas y en este caso la educación, que no es prioridad para este Jefe de Gobierno, a diferencia de lo que había dicho en campaña.

—¿Macri apuesta al desgaste en este conflicto?

—Nosotros estamos muy seguros, no vamos a ser espectadores pasivos de la destrucción del sistema educativo. Por lo tanto vamos a estar estas 100 horas aquí. Y si no ocurre nada, seguiremos peleando junto a toda la comunidad educativa porque nuestro objetivo es la resolución del conflicto educativo y no otra cosa.

—¿Qué consecuencia trae la represión del lunes?

—El agravamiento del conflicto, ya que Macri utiliza la represión en lugar del diálogo para responder. Hoy el Jefe de Gobierno, la Vicejefa y el Ministro de Educación son los responsables de la profundización del conflicto educativo.

—A este panorama también se suma la ausencia de docentes para los cargos educativos.

—Hay 500 cargos que no se han cubierto porque no tenemos docentes y más de 10.000 chicos no tienen clase. Eso ocurre porque los docentes están yendo a trabajar a la Provincia de Buenos Aires por la diferencia salarial que existe. Hay más de 15.000 chicos que están por dejar la escuela secundaria en los lugares más desfavorecidos, que son los que están sufriendo esta política de destrucción del sistema educativo.

—¿Por qué hay pocos alumnos en el norte y pocos maestros en el sur?

—En el sur faltan más de 7.000 vacantes para los chicos de las escuelas y jardines de infantes, hay aulas superpobladas. Mientras tanto, en el norte esto no ocurre. Lo que pasa es que hoy hay que pensar en mirar a la ciudad en su conjunto y no mirarla hacia un lugar solo.

La prehistoria del conflicto

Si bien la mirada sobre la situación conflictiva que atraviesa el magisterio está puesta desde la mayoría de los medios en el puro reclamo salarial, la disputa comenzó apenas iniciada la gestión del Jefe de Gobierno con su pedido a la Legislatura de una ley que eliminara las partidas para subsidiar a las cooperadoras escolares y le permitiera al ejecutivo contratar directamente la reparación de los edificios escolares aduciendo mayor velocidad y eficiencia en el gasto.

El resultado de esta suerte de “superpoderes” fue catastrófico, ya que no sólo no se repararon los edificios, sino que se llegó a esta altura del año con la mayor subejecución presupuestaria en el rubro de Mantenimiento Edilicio de toda la historia de la ciudad.

Durante el mes de enero, la relación con el principal sindicato docente de la ciudad, la UTE, se complicó cuando Macri intentó desembarazarse de los trabajadores contratados que actúan en los programas del Ministerio de Educación. Como resultado, se produjeron cortes de calles y la toma del edificio del Ministerio. Si bien estas acciones lograron mantener a todo el personal mencionado cumpliendo funciones, el Gobierno de la Ciudad denunció penalmente a dos dirigentes de ese sindicato por los cortes de calle. Hoy se hallan procesados.

En el plano salarial, los funcionarios de la Ciudad no se cansan de repetir que en el mes de febrero dieron a los docentes un aumento del 24%, mayor que el recibido por cualquier otra rama de la actividad. Lo que callan es que no lo dieron ellos, sino el gobierno nacional, que es quien paga la garantía mínima que permite que un maestro que recién se inicia gane $1.290 de piso salarial en lugar de los $900 que ganaría sin ella. Callan también que se paga en un solo cargo, es decir que en el caso de poseer dos cargos, gana $1.800 y no $ 2.580 como quieren hacer creer.

La eliminación de 15.000 becas a alumnos de escuelas secundarias (que permiten que muchos de ellos puedan asistir a clases y no abandonar sus estudios), el incumplimiento de la promesa de campaña de permitir a los trabajadores la libre opción de obra social (hoy cautivos de la OBSBA y pagando el 6% de aportes), la desaprensión de reducir calidad y cantidad de los alimentos que se proporcionan a niños y bebés en los comedores escolares o formando parte de las viandas (cambiando la carne, el pollo y el pescado por trisoja, un compuesto incomible y, según estudios realizados por el INTI, no recomendable para menores de cinco años y perjudicial para menores de dos) sumados a la falta de pago en tiempo y forma (muchos docentes no cobran sus haberes desde marzo) preparó este cóctel explosivo que hoy, como los petardos de la concentración docente, le estalló a Macri en la puerta de su oficina.

Vigilia en la Legislatura

Para continuar la lucha, el miércoles 22 los docentes porteños hicieron guardia también en la Legislatura porteña, donde se reunían las comisiones de Educación y Presupuesto. Allí estaba Ubaldo Donato, Secretario General de AEP (Asociación de Educadores Porteños) quien expuso a ZOOM las próximas acciones a seguir por los docentes.

—Esperamos que sesionen las dos comisiones. Si el macrismo da quórum, se puede dar poder al Ejecutivo para que pueda transferir partidas. La oposición y algunos macristas dicen que esto es posible, porque dinero hay, incluso alguno que no se ha gastado.

—¿Hay voluntad política?

—No parece. Nosotros como Asociación de Educadores Porteños, perteneciente a los 17 gremios de la educación, hemos estado en todas las reuniones y una sola vez bajó el Ministro de Educación, en marzo, cuando nos dieron el aumento, a sacarse una fotografía. En las reuniones que tuvimos posteriormente mandó a asesores que no podían resolver nada y nunca bajó. Y con Macri la única vez que nos reunimos fue cuando anunciamos el paro. Y no dijo nada, se calló la boca y después anunció que no tenía dinero, que fue la respuesta que tuvimos hasta ahora. Creo que Macri, a quien encima yo voté, nos quiere disciplinar, y esto no es una empresa, él tiene que gobernar. Y como dirigente sindical de muchos años entiendo que la conducción es la persuasión, es el diálogo. Acá no hay diálogo, no existe y no es por parte nuestra.

—Es decir que Macri los quiere poner en caja.

—Prometió un montón de cosas y tiene que empezar a gobernar. Hasta ahora vos lo escuchás por radio y televisión y sigue hablando de los baches y de que no tiene dinero. No puede seguir quejándose. Todavía no empezó a gobernar. Dice que con el Riachuelo y los subterráneos la culpa la tiene el gobierno nacional, que le dejaron la caja vacía. No te olvides que Macri cogobernó con Telerman durante muchos meses, no puede seguir echándole la culpa a los gobiernos anteriores. Tiene que conversar, nosotros no rompimos el diálogo. Impone una agenda que dice que recién el problema docente se va a solucionar en 2009 y nosotros le decimos que debe estar en la agenda 2008. Encima, lo que pasó el lunes con la policía, hace años que no lo veo con los docentes, solamente en la provincia de Neuquén, con lo de Fuentealba. Por ejemplo, el problema de la instalación de la carpa, él lo solucionaba rápido con política, pero se armó todo ese lío por llamar a la policía y discutir si la carpa iba 30 metros acá o allá. Por eso tuvimos una huelga nacional con apoyo de la CTA y la CGT, que nos mandó su adhesión. Por falta de conducción, Macri generó un problema nacional.

—¿Por capricho?

—Yo creo que sí. No quiero faltarle el respeto, pero Macri es un “niño bien” puesto a gobernar. Los 17 gremios, que conformamos este frente que hicimos ahora, tienen distinta ideología política pero nos unimos en defensa de los derechos laborales de los docentes, esa es nuestra única ideología.

Algunos periodistas nos preguntan: ¿qué pasa con los alumnos? Y creo que los chicos tienen que aprender qué es la dignidad y esto es un ejemplo. Los chicos no están en contra aunque sabemos que quizá les estamos haciendo un daño. Los alumnos aprenden de la historia y esto va hacer historia también porque es defender la educación pública.

En la Legislatura porteña

Al cierre de esta edición, la Comisión de Presupuesto y Hacienda emitió un dictamen que faculta al Ejecutivo porteño a modificar la distribución del gasto en 2008 para otorgar un aumento a los maestros. El despacho en cuestión, aprobado por unanimidad por la oposición y la abstención del bloque macrista, establece también que las reasignaciones que realice el Poder Ejecutivo no podrán utilizar partidas de las áreas de Salud, Desarrollo Social, Educación, Vivienda y Derechos Humanos.

La comisión de Presupuesto y Hacienda tenía en discusión cuatro proyectos de ley sobre esta temática, que pertenecen a los diputados Patricia Walsh, Cristian Asinelli, Enrique Olivera y Juan Manuel Olmos, que fue el aprobado. Ahora el Gobierno de Macri tiene la última palabra.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom

jueves, 2 de octubre de 2008

El fin de la revolución desde arriba



El prestigioso sociólogo laboralista Julio Godio acaba de publicar El Tiempo de CFK, junto al abogado laboral Alberto José Robles. El libro despliega un pormenorizado análisis del gobierno de Néstor Kirchner y entra de lleno a la gestión de la actual presidenta. Revista ZOOM lo entrevistó para desentrañar los desafíos del gobierno de cara al presente y al futuro, sin dejar de la lado el pasado reciente.

—¿Este nuevo libro es parte casi de una trilogía?

—Para entender este libro en su totalidad habría que relacionarlo con otros dos anteriores, El tiempo de Kirchner que abarca el período 2003-2007, y otro que se llama La anomalía Argentina, cuyo último capítulo incluye el tema del gobierno de Néstor Kirchner. Y digo esto porque este último libro rescata la idea de “revolución desde arriba” de los dos anteriores, aunque luego se aboca a los componentes políticos del proceso kirchnerista que van a desembocar en su triunfo electoral de octubre de 2007. Pero si uno quiere ver todo el proceso debe leer también los otros dos, especialmente El tiempo de Kirchner, donde hay un análisis pormenorizado de esos primeros cuatro años.

Este nuevo libro entra bien de lleno en la agenda de Cristina, que se ve trastocada por el conflicto del campo de marzo de este año. Y ahí aparece una cuestión central que está en el subtítulo del libro: El desafío de organizar los mercados. Esta es una etapa que comenzaba a fines del 2007, que tenía como objetivo institucionalizar de una forma más acabada los cambios que se habían producido desde la irrupción política del kirchnerismo y su triunfo electoral en las elecciones del año 2003. Esto implicaba darse cuenta que había que lograr aquello que Cristina Kirchner planteaba como Pacto Social.

—¿En qué términos se planteaba este Pacto Social?

—En crear mesas de negociación y búsqueda de objetivos comunes entre los sindicatos, las organizaciones empresarias y el Estado, por sectores. En realidad, con los grandes sectores económicos y financieros que existen en Argentina y garantizar con estos los acuerdos y las metas a seguir. Esto implicaba compromisos comunes sobre temas vinculados a mejorar la calidad del trabajo y lograr que los sindicatos participaran en la eficiencia empresaria. Era el método correcto para organizar los mercados, que en definitiva es una forma de planificación de objetivos de cara a su propia dinámica.

Sin embargo, esto se vio trastocado en primer lugar porque hubo que hacer una negociación de ajuste salarial a principios de marzo. Y en el medio irrumpe el conflicto del campo. Esta era una crisis sectorial que estaba dentro de la idea de Cristina de llevarla a la mesa de negociaciones con el sector. En donde hay actores muy variados, pero en el que hay cadenas de valor muy precisas en la salida del producto y hasta en su venta a los mercados internacionales. Es el caso de la soja y el trigo.

—Usted dice que el conflicto se adelantó a la atención del gobierno.

—Lo que pasa es que el conflicto estaba soterrado, ya que el gobierno no le había prestado atención a las transformaciones que se habían producido en el campo. Esto en el marco de un país en que, lamentablemente, se ha producido una escisión entre el campo y la ciudad desde el punto de vista económico y social. Entonces no había una percepción clara de este fenómeno.

En el imaginario colectivo surge esta idea por el hecho de que el proceso de industrialización en Argentina, que comenzó en los años 30, fue paralelo al campo. No se creó un poderoso sector agroindustrial, sino una industria liviana. No fue una política de crear insumos para el campo, como ocurre ahora por ejemplo con la maquinaria. Y además esta situación se agravó porque, junto con la industrialización, vino el peronismo que expresó cabalmente los fenómenos urbanos y no era un producto del campo. Y esto fue la consecuencia de la industrialización que se dio en las grandes ciudades del país y sobre todo en el gran Buenos Aires.

Entonces, en este país los habitantes de las ciudades han seguido muy de lejos la vida rural y, en parte, también han suplido esta ignorancia con calificativos simplistas. Como por ejemplo, seguir hablando de una oligarquía como era la antigua aristocracia terrateniente. Cuando en los últimos 20 años hubo una transformación tecnológica muy profunda en materia de cultivos y maquinaria. Además de una concentración del proceso productivo a través de los pooles de siembra. Esto generó una concentración de la producción y no de la propiedad. Lo que sí ocurrió fue una mutación en el régimen de la propiedad, ya que muchos dueños se han transformado en arrendatarios o más bien en arrendantes. Entonces acá hubo un proceso de cambio tecnológico, concentración de la producción y de la especialización debido a demanda mundial de soja. Aunque no es el único producto que exporta la Argentina.

—¿El gobierno pecó por desconocimiento?

—Sí, y la resolución 125, que era algo interesante, se transformó en un búmeran. En primer lugar, debido a que gran parte de los chacareros argentinos habían arrendado sus tierras y no estaban interesados en que se afectaran las ganancias de los grandes grupos exportadores. En segundo lugar, el hecho de aumentar las retenciones podía afectar a productores que son pequeños, medianos y campesinos que se asustaron frente a un proceso de imposición desde arriba. Y esto lo hace el kirchnerismo ya que viene de la práctica anterior, de la revolución desde arriba, que significaba movilizar a la sociedad con objetivos que esta compartía.

—¿Este conflicto demostró el agotamiento de la revolución desde arriba, al no saber el gobierno trasladar su política a las bases?

—Es que el kirchnerismo consideró suficiente como método de acción política su capacidad unilateral de buscar apoyo con políticas desde arriba. Y la sociedad después de cuatro años de gobierno estaba reclamando una mayor intervención directa en la política. El hecho de que la oposición estuviera dispersa tenía que ver con la situación de que la mayoría de los partidos de la oposición, inclusive parte del PJ, todavía estaban afectados por el descalabro del año 2001 y no encontraban dónde instalarse. Pero la sociedad demandaba la existencia no solo de una fuerza kirchnerista más definida, sino también de otras expresiones políticas vinculadas a una oposición más consistente. Esto se había visto en las elecciones de la Capital, donde triunfa Macri y la Coalición Cívica gana en las presidenciales. Entonces, estas dificultades del kirchnerismo, le impidieron plantearse la idea de reformar el PJ. Así Kirchner consideró suficiente tomar el PJ también desde arriba, ya que nadie se resistía. Aunque el partido ya estaba muy incapacitado para poder movilizar a la sociedad, porque era una estructura partidaria que no se había movilizado durante años y entonces, con la crisis del campo, sufrió de una insuficiencia terrible.

—La inmovilidad, que al principio le dio la llave del partido, se transformó en el principal obstáculo.

—Así es, ya que los problemas que tiene el kirchnerismo en esta historia están derivados de sus propios éxitos. Es paradójico. Los obstáculos del kirchnerismo de hoy no son producto de errores o deficiencias, son por la obra inconclusa. Del mismo modo, ahora se genera una situación donde es el Congreso el ámbito para zanjar las diferencias políticas. Con esto la oposición se va posicionando desde su relativa inserción en lo que llamaríamos las fuerzas sociales del campo.

—Esa fuerza social se expresó, pero ¿tiene correlato político?

—Es muy difícil que surja un partido del campo porque es una palabra muy genérica y además no hay tradición en Argentina de partidos campesinos.

—La palabra campo quizá venga de esa costumbre de la prensa de corporizar las cosas. Cuando dice los mercados o el campo le da cuerpo a algo que no es homogéneo.

—El kirchnerismo tuvo su primer conflicto con la prensa cuando se retaceaba la información con la idea de que esto podía entorpecer el funcionamiento del poder ejecutivo. Hasta el 2007 no pasó nada, inclusive durante la campaña electoral el gobierno tuvo el visto bueno de la prensa, incluido el diario Clarín. El problema fue después, al salir a flote el tema del campo, principalmente vía La Nación y la televisión. Y también por el hecho de que ahí apareció algo que estaba en la agenda, como la ley de radiodifusión, que puede afectar a los monopolios que se han establecido en los medios.

—¿Esto no desnuda que hubo una política de monopolio bueno o malo según la capacidad de negociar, en lugar de plantearse que el monopolio en sí mismo es algo malo?

—Es cierto, al igual que la debilidad de las fuerzas políticas para ejercer algún tipo de influencia sobre los medios es casi cero en la Argentina. Entonces, el gobierno optó por negociar con los medios, lo que implicó extensión de contratos. Esto tenía por objeto mostrarles que no tenían ningún interés político en tocarles su poder, pero no era suficiente. Y en ese contexto, la que llamo la nueva derecha fue capaz de pergeñar una estrategia para esta diversidad de actores que había en el campo y unirlos en contra de la resolución 125, que terminó siendo derogada y que le costó al gobierno cuatro meses de gran desgaste. Sumado a que las fuerzas de la oposición comenzaran a emerger, esto hizo posible la derrota del gobierno en el Senado y de la que había zafado en Diputados por poco. Y en esos cuatro meses ya se estaba prefigurando lo que iba a pasar en el Senado, que luego se simplifica en la figura de Cobos, lo que en realidad era un problema más profundo.

—¿Fue la disputa de dos modelos de país?

—No necesariamente hoy. En la medida en que no hay una base material y de política agroindustrial integrada, el campo es una fuente de ingreso para el país en general, pero con muy escasa inserción en el aparto productivo industrial. Salvo lo que se ha logrado en algunas provincias como Santa Fe en el sector industrial-agrícola. Entonces, sí puede ocurrir que esta extensión de la alianza del campo con las capas medias urbanas pudieran alentar algún tipo de reformulación del modelo económico, simplemente sobre bases agrarias. Pero no es fácil imponer un tipo de modelo en Argentina, donde está del otro lado la historia industrial de las ciudades y la complejidad de la trama de la vida de las grandes urbes, que seguramente se van a resistir. Un camino que no tenga en cuenta el eje agroindustrial es para Argentina un peligro de disolución como Nación y como Estado.

—¿No pesa también una cierta historia de nuestros industriales, que no terminan de asumirse como burguesía y tienen un doble discurso con el tema del campo?

—En parte sí, ya que esta burguesía no surge como una diferenciación interna del propio campo de fomentar la industrialización, como es el caso de Australia, Nueva Zelanda o Canadá. Allí hay una burguesía rural que es la intermediaria con la burguesía urbana. Aquí siempre persiste la idea de crear una economía de enclave, lo que hace que la burguesía tenga una doble posición: rechazar aquello que le afecte intereses muy de fondo (como fue por ejemplo la necesidad de salir de la ley de convertibilidad), pero al mismo tiempo tiene una dependencia interna favorable al compromiso con la fuerza del sector agrario, que son, en definitiva, los que proveen las divisas para las importaciones de bienes de capital y recursos financieros para el sector industrial.

—En esta puja, ¿cuál sería la consecuencia en el país si se reimpusiera el modelo de los ‘90?

—Una guerra civil, que probablemente empiece en forma confusa. Resisten los sectores urbanos marginados, como una intifada, todo desorden. Pero que después en una segunda o tercera fase puede terminar en una guerra civil, sin duda. Porque eso se impidió porque triunfo la Alianza que venía supuestamente a resolver esos problemas, pero así duró la Alianza, dos años. Después fue necesario dar un viraje y salir del modelo neoliberal de forma más violenta para poder sentar las premisas de la estabilidad económica y política en la Argentina. Así que cualquier ilusión de que pueda funcionar, con consenso masivo, un modelo de este tipo, como piensan algunos de la vieja derecha, que añoran los tiempos de Menem o De la Rúa, es una operación de corto alcance y de tan corto alcance que esto impide que las fuerzas de oposición se unan. Dado que también tienen el drama de imponer un modelo contra-natura.

—La teoría del escorpión.

—Sí, se mordería su propia cola. Aunque la derecha busca un camino de tránsito pacifico del gobierno para llegar al poder en las elecciones de 2011, como nueva coalición de fuerzas de derecha o de centroderecha que pudieran sumar incluso a una parte del peronismo.

—Con respecto al regreso de la derecha en Capital con Macri, se percibe que los medios no lo atacan, pero que la gente no resiste más ciertas cosas: explotan conflictos desde la misma gente con el tema de la educación o por las becas. Es decir que para esta política no hay plafón.

—Pero puede haber un intento de restablecer el viejo régimen, como pasó muchas veces en la historia y en general han sido intentos que han fracasado. No creo que en el país sea aceptable una restauración de las viejas prácticas, lo que no quiere decir que algunas de las prácticas neoliberales no puedan volver por la sencilla razón que este es un modelo de economía de mercado heterodoxo.

—¿Después de la 125, el gobierno volvió a tomar la iniciativa política o todavía está golpeado?

—El gobierno ha retomado la iniciativa en algunos temas, pero carece de asentamientos en la sociedad sólidos. Y al derogar la 125 se creó un espacio electoral que se lo ha permitido, aunque sin sustentación política interna. Por ejemplo, en la crisis financiera de Estados Unidos está claro que Cristina fue allí e hizo un discurso muy interesante. Y la Argentina fue, junto a Brasil y Francia, de los únicos países de esta reunión de Naciones Unidas que tuvieron una postura más cercana a las viejas teorías keynesianas. Sin embargo, ese gran éxito que tiene el país en el centro del mundo con el modelo anterior, no necesariamente tiene un soporte interior sólido que le dé sustento y eso tiene que ver con que el kirchnerismo no ha podido ni transformar al PJ, ni tampoco preservar el atractivo que tenía lo que se llamó la transversalidad. Son déficits políticos que tiene el gobierno y que pueden ser muy serios hacia el año 2009. Esto podría crear un escenario electoral de retroceso parcial y de avance relativo de las fuerzas de oposición. Lo suficiente para dar la imagen de que ya el kirchnerismo no es mayoría, sino la primera minoría.

—Más allá de ese posible escenario, dentro de una crisis mundial, la Argentina respondió bien.

—Es que cambió la política. Si hubiéramos afrontado esta crisis financiera norteamericana con un Estado ausente y con convertibilidad, hubiera sido un desastre. Es decir, con el mantenimiento de la vieja política neoliberal las consecuencias hubiesen sido terribles y peor si le sumábamos una tasa de desempleo como la que teníamos al final del mandato de Menem. Ahora el país está mucho mejor pese al endeudamiento que todavía tenemos. Los cambios producidos en la economía sin duda nos han fortalecido.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom


jueves, 18 de septiembre de 2008

“Estados Unidos entró en la etapa de la sobreextensión imperial.”


Especialista en temas internacionales, Oscar Raúl Cardoso habla del colapso financiero estadounidense, de sus efectos en el Cono Sur, de la contienda electoral entre Obama y Mc Cain, y previene: "los imperios tienden a decaer cuando sus sociedades se vuelven reacias a exponer la vida de sus hijos y, sobre todo, sus riquezas para sostenerlos."

¿Se cae o no la economía norteamericana? ¿Comienzan a resquebrajarse las bases de este poderoso imperio? Muchas preguntas hay sobre la situación actual de la mayor potencia mundial y para tratar de encontrar algunas respuestas posibles Revista ZOOM conversó con Oscar Raúl Cardoso, uno de los periodistas de internacionales más prestigiosos de Argentina. Estudioso de la idiosincrasia de cada pueblo, su análisis va más allá de la coyuntura internacional.

—¿Estamos frente a una debacle económica de los Estados Unidos?

—Creo que es apenas un síntoma de un problema mayor, que se viene gestando hace dos años, que es la posibilidad de un colapso del sistema financiero que se extienda inevitablemente al resto del mundo. Estamos hablando de la economía estadounidense, que tracciona la economía mundial. Uno puede ver que esto de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos se ve reflejado también en Europa. En España, sin ir más lejos, donde hay serios problemas. Esto se suma a las subas de precios de los comodities esenciales, como algunos alimentos o el petróleo (aunque este último bajó de su pico y está 105 dólares el barril, lo que igualmente todavía es altísimo). Así se están mostrando debilidades no solo de la economía norteamericana, sino de esta etapa del sistema capitalista, lo que sería paradójico tras la caída de la Unión Soviética en los ‘90 y después de mostrarse como el modelo más eficaz en la asignación de recursos. Aunque no a la hora de producir. Se ha transformado en una máquina de engullir y autoenguillirse.

—En este contexto, ¿qué rol juega China y su compra de bonos de la deuda de Estados Unidos?

—Es una de las espadas de Damocles que tienen los norteamericanos sobre sí mismos. Mientras las cosas sigan manteniéndose así en la superficie, con un poco más de recesión o un poco menos, creo que no hay grandes riesgos. Pero una caída de los valores del Estado norteamericano pondría a China en una peligrosa situación y estas son las cosas que empiezan las guerras.

—Si se da esa crisis, ¿sería la declinación definitiva de la única superpotencia?

—Eso, de algún modo, ya está sucediendo. La Unión Europea, con algunos bemoles, China y la India aparecen como nuevos factores de poder. Con una demografía complicada para el mundo, la India pasó hace dos años la marca de los mil millones de habitantes y ha tenido un gran crecimiento económico. Demandan consumir más productos y esto explica el precio de las comodities como, por ejemplo, el petróleo. Con este tema hay dos posturas, una que dice que hemos llegado al tope de exploración del petróleo, que en realidad lo que queda por descubrir no resuelve la nueva demanda que se generaría. La otra, dice que aun hay recursos. Es un debate interminable.

—¿Los norteamericanos no se están creando su propio mundo ideal? Me refiero tanto a los candidatos como a la propia sociedad estadounidense.

—Si llegara a ganar Mc Cain, en un contexto donde tres de cada cinco norteamericanos creen que las cosas van mal, me inclino a pensar que ellos ven un mundo de fantasía en sí mismo. En los años ’80, un historiador inglés, Paul Kennedy, escribió un libro muy interesante que se llama El auge y caída de los grandes imperios. Estudia los imperios romano y británico, principalmente. Allí descubrió un fenómeno que se llama sobreextensión imperial. Encontró que los imperios tienden a decaer cuando sus sociedades se vuelven reacias a exponer la vida de sus hijos y, sobre todo, sus riquezas para sostenerlos. Ahí hay un crack. Yo creo que Estados Unidos, si uno puede ubicarlo en algún período, esta ingresando a una sobreextensión imperial y esto va a tener sus costos, antes y después.

—Sería un descreimiento hacia el poder del mismo imperio.

—Sí, comprobar que se han sobreextendido y que el imperio no produce mucha riqueza y que nadie quiere comprometer la suya, ni mandar a sus hijos a defender una situación que se vuelve intolerable. Esa descripción de Kennedy sirve. A pesar de que hay que reconocer que Estados Unidos tiene una gran capacidad de exportar sus crisis y hacer que se resuelvan lejos de sus fronteras, me parece que están muy cerca de haberse agotado.

—El conflicto de Georgia, ¿forma parte de esta crisis del mundo capitalista?

—Es la consecuencia de que occidente, en general, y Estados Unidos, en particular, trataran a Rusia desde el colapso de la URSS como un jugador de segunda categoría. Rusia, comunista o capitalista, antes feudal o zarista, nunca ha aceptado ser un jugador de segunda. Está en un área del mundo que es el puente natural entre Asia y Europa y sabe o cree saber que tiene zonas de influencia que le son propias. Estados Unidos avanza sobre esas zonas de influencia y ha mantenido la OTAN. Y no solo la ha mantenido sino que están buscando expandirla e incorporar a Georgia y Ucrania.

La OTAN sigue existiendo pese a que su contrincante histórico, el pacto de Varsovia, no existe más. Involucran a Brdy (a unos 90 kilómetros al suroeste de Praga) en la República Checa con una base antimisiles, que Rusia vive como que la están cercando. Incluso hacen que Georgia juegue un rol anti ruso en esa zona del Cáucaso que los rusos sienten como propia. También hay otra tesis mucho más terrible y es que Rusia le está recordando a Estados Unidos y al resto del mundo que con la riqueza que les ha dado el petróleo en los últimos años y con unas fuerzas armadas que han salido del caos que habían quedado cuando dejó de existir el Ejército Rojo y la URSS, no son un jugador de segunda. Así que no se van a quedar tan pasivamente. Por eso hacen maniobras con Venezuela acá en el Atlántico Sur. Todavía estoy esperando, porque creo que va a haber una reacción norteamericana. Es todo un desafío: que frente a las costas de Venezuela, se pasee una flota cuyo puerto natural está frente a Ucrania.

—Esto también se explica como una maniobra de contrapeso de Chávez frente a Estados Unidos.

—Chávez va a utilizar a Estados Unidos, como ya lo hizo Fidel en su momento, como elemento de cohesión doméstica. La agresión norteamericana en ciernes le permite a él juntar la parte de la sociedad que le responde y mantenerla en tensión. Un ex marino argentino, amigo personal de Chávez y que tiene una empresa de informática que tiene contratos con el gobierno venezolano, me dijo una cosa que me pareció una buena reflexión. Apelando a la jerga naval, me decía: —“El problema de Chávez es que siempre navega muy pegado a la costa y algún día puede encallar”—. Y algo de eso hay.

—Juega con fuego.

—A veces, da esa sensación. Y tiene un gran mérito. Si uno lo escucha y si desgaja la cosa caribeña es el único que le dice a Washington lo que debería escuchar. Pero también es cierto que a veces lo dice de un modo inútilmente agresivo. Y esto de jugar a “que viene el lobo, viene el lobo”… Un día va a venir el lobo y nadie se va a dar cuenta.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom


El impacto en Argentina y Latinoamérica


—Esta coyuntura financiera internacional, ¿en qué afectaría a América Latina y a la Argentina en particular?

—Con una crisis económica en Estados Unidos no hay ninguna región de la tierra que esté enteramente a salvo, no hay ninguna. Teóricamente, por el nivel de reservas, estamos mejor acolchados. Y América Latina en general también lo estaría para recibir un primer impacto. Pero no sería un único impacto, ni sería corto. Algunos economistas lo comparan con el prólogo de lo que pasó en 1929, con la gran recesión de aquel año. Yo no lo creo, el mundo ha cambiado mucho del ‘29 a hoy, pero si se parece a la crisis que tuvo Japón en 1980 y que demoró 10 años en resolver, en emerger de esa situación. En ese caso, no podemos esperar tener mejor suerte que el resto.

Así que las consecuencias todavía no las conocemos y me cuesta imaginar cómo la Argentina puede quedar al margen de un crack internacional. No lo hicimos con la crisis del Tequila, no lo hicimos con la crisis del Brasil, así que no hay modo de aislarse.

—¿Pagar al Club de París nos deja mejor parados?

—La verdad, no puedo terminar de entender las razones para hacer ese pago del modo en que se hizo y comprometer reservas. Entiendo que fue una manera de sacarse de encima al FMI en una segunda oportunidad. Desde esa perspectiva, no me parece censurable. Lo que no entiendo es que, si lo hicimos en dos oportunidades, una pagándole al Fondo y otra al llamado Club de París, ¿por qué seguimos en el FMI? La decisión política debió ser irnos del Fondo. Por otro lado, 4.700 millones de dólares de la deuda estaban vencidos, y había que pagarlos, por esto el FMI nos presionaba y quería hacer una revisión del plan económico. Pero había dos mil y pico de millones que podían haberse arreglado en pagos escalonados. ¿Por qué no se hizo? En realidad hemos comprometido muchas reservas y la propia situación de la economía Argentina no es la de hace dos años.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom

Obama, Mc Cain, elecciones y petróleo


—En este contexto, un triunfo de Obama ¿sería más de lo mismo o le daría un poco de oxígeno a Estados Unidos?

—La expectativa de quienes están con Obama desde el comienzo es que va a representar algo nuevo. Mc Cain también dice que representa el cambio, como si él fuera de un partido opositor y no del que está gobernando. Los republicanos han tenido control de la Casa Blanca o el Congreso, y en algunos casos de ambos, en 26 de los últimos 28 años. Igualmente hay dudas de quién realmente es Obama. A mí me asombra, como a los propios estadounidenses, que un afroamericano llegue a esta posibilidad cierta de ser presidente. Pero es no es un afroamericano típico, porque ha sido educado en el extranjero y no es la síntesis de la lucha por los derechos civiles de esta parte de la sociedad de Estados Unidos. Él no sigue esa tradición y, aunque la reconoce, viene separado de ella. Promete unir opuestos, lo que no creo que sea posible, y mucho del discurso de los últimos meses, sobre todo después de ganar la nominación del Partido Demócrata, se ha ido hacia la derecha. Uno tiene dudas de que realmente represente algo nuevo.

—¿Y Mc Cain?

—Mc Cain es casi cómico, pero uno ve las encuestas y es una elección que no está resuelta, es increíble. No se ve una leve esperanza para que la situación cambie gane quien gane. Uno espera que, frente a la emergencia, si los demócratas llegan a la Casa Blanca —primero tienen que llegar— el temporal amaine con medidas impopulares en algunos casos. En cuanto a Mc Cain, es más de lo mismo y presentarse como el candidato del cambio es francamente ridículo. El discurso del otro día en la convención republicana dio gracia, porque hablaba como opositor. Y es del mismo partido gobernante y tiene la misma base política.

Uno de temas que tendrá que abordar el próximo presidente de Estados Unidos será recuperar herramientas económicas para el Estado, que han sido cedidas al sector privado. No sé si esto es posible a esta altura, pero efectivamente el Estado debe intervenir, como en el caso de Fannie Mae y Freddie Mac, tomar un rol más importante. Esto no se condice con la idea del Estado que trae todo lo malo, que perjudica a los individuos y a la sociedad o que se convierte en un impedimento para la generación de riqueza. Eso que hemos escuchado hasta el hartazgo en los ‘80 y los ‘90. Creo que esa concepción va a tener que cambiar.

—Un triunfo de Obama o la continuidad republicana de Mc Cain, ¿cómo influirían en el mapa mundial del petróleo?

—Cualquiera que llegue a la Casa Blanca va tener que desincentivar el uso de petróleo, no solo por razones de precio sino por cuestiones ecológicas. Estaba leyendo que un glaciar que llevaba 4.500 años y estaba pegado a una isla en el Ártico se soltó y se derritió al poco tiempo, lo que demuestra que hay un fenómeno de cambio climático innegable. Aunque admito que hay evaluaciones distintas de cuál es la gravedad, pero en todo caso es rápido y es grave. Y si es una cuestión terminal o no, eso queda para el debate de los expertos.

Así que van a tener que desincentivar. Con Mc Cain no veo que pase eso, Obama quizá lo enfrenta. Mc Cain pretende, y no hablemos de Sara Palin la candidata a vice, perforar y buscar petróleo por todos lados. Palin quería que se autorice un parque nacional muy importante como lugar para buscar petróleo.

Cualquiera de los candidatos se va enfrentar con una realidad que los slogans de campaña no alcanzan a definir. Están hablando de una economía mundial que no existe, esa es la sensación que tengo, tanto de Obama como de Mc Cain.

—¿Cuántos regalitos le va a dejar George Bush a la nueva administración?

—No es casual que no haya podido ir a la Convención Republicana, no lo quieren.

—¿Es el salvavidas de plomo?

—Es exactamente eso.

—Con el nuevo presidente, ¿habrá una reevaluación sobre lo actuado en Irak y Afganistán?

—Hay una media promesa de Obama de acelerar el retiro de tropas de Irak.

—Félix Herrero dice que Irak era el Vietnam del petróleo de Estados Unidos...

—Yo no lo veo tan así, los factores que llevaron al petróleo adonde está son parte de la especulación financiera y la demanda creciente de algunos países consumidores, como China y la India. La humanidad consume cada día que pasa 86 millones de barriles de petróleo, de los cuales la mayoría los consume Estados Unidos. En la próxima década, que está a la vuelta de la esquina, la previsión es que se van a necesitar 120 millones diarios. No creo que la ecología mundial lo pueda resistir.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom

jueves, 11 de septiembre de 2008

“Para dar una nueva pelea, primero debemos medir nuestras fuerzas.”


Exponente del pensamiento nacional, Norberto Galasso señala que la debilidad de los sectores populares es un obstáculo para la profundización del modelo. Defiende al Gobierno, condena a Cobos y advierte sobre la dificultad de avanzar con una nueva ley de radiodifusión: "Jauretche diría que estamos combatiendo con arcos y flechas mientras ellos tienen cañones."

Norberto Galasso es uno de los máximos exponentes del pensamiento nacional y un historiador de fuste. Junto a Revista ZOOM recorrió los caminos de la actualidad sin dejar de lado la impronta del pasado. Para él, todo está relacionado y los nubarrones del campo popular siempre son los mismos, solo con los distintos matices de cada tiempo.

—¿Pagar al club de París fue recuperar autonomía o una claudicación?

—Me inclino por pensar que se recuperó autonomía. Creo que en política hay dos cuestiones que son centrales. Una es saber quién es el enemigo principal y la otra es conocer la correlación de fuerzas que existe entre él y nosotros.

En general, uno se da cuenta que casi todas las operaciones de la deuda externa tienen cierta ilegitimidad. Porque te dan un préstamo al 4% por cuota y después ellos manejan los intereses, como pasó con la deuda externa en la época de la dictadura y 6 años después el interés estaba en el 20%. En esa coyuntura, todo nuevo prestamista es extorsionador. Entonces, si uno tiene fuerza, si América latina estuviera unida, por ejemplo, uno le da una patada al tablero y no paga la deuda externa con nadie. Como este no es el caso, yo me inclino a considerar que me parece conveniente que se vaya saneando esa situación. Así como se pagó al Fondo Monetario para que el gobierno no esté bajo la presión de los intentos de monitoreo de los organismos internacionales. Por supuesto que esto no implica que ahora vengan los holdouts a querer cobrar, ya que esa fue una deuda para la que tuvieron la oportunidad de presentarse con los bonos y no lo hicieron. Eso está terminado.

En Estados Unidos se comentaba que la Argentina debería completar esa política pagando a los que habían quedado defolteados. En general, me parece que, más allá de que algunas deudas puedan tener cierta ilegitimidad, la política de desendeudamiento puede considerarse positiva.

—Y en este mismo tono estaría el tema de Aerolíneas.

—Lo importante es que, de un modo u otro, se recupera el control de una empresa que fue ejemplo de gestión, que era superavitaria, que funcionaba muy bien. Hasta en la pavada de lo que te ofrecían en un vuelo. Entonces hay que hacer mucho ahí, pero con la intervención de los gremios aeronáuticos en una de esas se puede enderezar esto. El proyecto del Ejecutivo ha sido modificado y creo que en eso ha jugado de manera importante también el mismo bloque oficialista al plantear que sea el Congreso quien pueda fijar el precio y, de última, recurrir a la expropiación.

En definitiva, se trata de ir recuperando, con muchas dificultades, el control de resortes fundamentales de la economía como son el transporte tanto internacional como interno. En líneas generales, lo veo bien, más allá de que no hay que cargarse con el pasivo que tiene Marsans por vaciamiento. Quizá hubo falta de control por parte del gobierno. En realidad, ningún gobierno de Argentina controló bien a las multinacionales, es muy difícil.

—¿Argentina está a la altura del proceso que vive Latinoamérica?

—Acompaña, como cuando en Mar del Plata se rechazó el ALCA, como cuando avanza con el Mercosur ampliado. O cuando la presidenta argentina participa de un cónclave donde se habla de la necesidad de crear un Consejo de Defensa latinoamericano, para el caso que alguna gran potencia intervenga bélicamente en alguno de los países y que todos los demás se sientan atacados. Son avances, que son difíciles de concretar. Lo importante es poner en discusión una empresa energética latinoamericana o crear un tren Caracas-Buenos Aires y dar los primeros pasos del Banco del Sur. En todo eso, el gobierno ha acompañado.

Uno puede ponerse en perfeccionista y decir que quedamos a la zaga de Brasil porque es más poderoso, que el gobierno no tiene la energía expropiatoria que tiene Chávez o no tiene el gran apoyo popular que tiene Evo. Lo que pasa es que cada país hace su propia historia y acá venimos de 30.000 desaparecidos, una traición de toda la conducción del movimiento nacional más importante que hubo en la Argentina (el peronismo en la época de Menem), el fracaso del radicalismo en el gobierno de la Alianza y una parte del PJ que está en manos de algunos tipos jodidos y reaccionarios con muchos intendentes que se dan vuelta en cualquier momento. Entonces, uno no puede plantear en abstracto por qué Argentina no avanza al mismo ritmo que avanza Venezuela o, para mi gusto, como avanzó Cuba en su momento. Yo creo que acompaña el proceso tendiente a la liberación y unificación latinoamericana.

—¿Por qué no se profundiza el modelo?

—Hay una anécdota que corre, no sé si es cierta. Pino Solanas fue a verlo a Kirchner y le comentó que la renta petrolera y minera que se estaban llevando era tremenda y Kirchner le contestó: “Bien, juntame en Plaza de Mayo 500.000 personas y yo me quedo con Repsol”. Pino hizo un acto frente a YPF y hubo mil personas. Es decir, existe un debilitamiento en el campo popular, que está fragmentado en muchas pequeñas agrupaciones de gente que piensa lo mismo. Esto quedó evidenciado en el conflicto del campo, que pudo reunir más gente porque juntó a todo Barrio Norte, que es el barrio clasista de la Argentina. Porque la única clase que tiene conciencia sobre sí, como decía Marx, es la clase dominante. Frente a eso, el peligro de exigir más allá de lo que puede el gobierno es crear condiciones para que éste se hunda y para que, por alguna razón, el vicepresidente, que ha demostrado que es un traidor, asuma la presidencia. Es decir, la opción es de derecha, ninguna por izquierda y la alternativa la tenemos que dar nosotros uniendo al campo popular, dando el debate ideológico, incidiendo sobre las clases medias, tratando de “desazonzarlos” como decía el viejo Jauretche. Pero mientras no tengamos la fuerza tenemos que ser muy prudentes, porque una cosa es la estrategia política con las grandes ideas y otra es la política concreta. La política concreta es si yo, con mis 72 años, me enojo con el de la mesa de al lado, que es un boxeador de 30 años. Yo me la tengo que bancar, tengo que tratar de calmarlo, de persuadirlo y no darle un trompazo porque el tipo me va a matar. Esto es lo mismo, el gobierno evidentemente se equivocó al entrar en un conflicto con una mala evaluación, sobre todo de la Federación Agraria, que hoy tiene más rentistas que trabajadores. Y se llevó una derrota.

Ahora, cuando se busca un tono más flexible, más dialoguista, siempre los medios de comunicación le buscan una vuelta para criticar a la presidenta. Entonces, antes no les venía bien antes porque según ellos era arrogante y muy soberbia. Y ahora no les viene bien que mande las cosas al Congreso. No les viene bien nada porque no resisten a la presidenta, como no resisten a Evo en Bolivia, como no resisten a Chávez porque es un “populista”, no resisten a Fidel porque en educación y salud les demostró que pueden funcionar mejor que el capitalismo. Es decir, ha reverdecido un gorilismo muy peligroso que tiene los medios a su disposición.

—Usted en algunas charlas decía que parte de lo que piensa la gente sale de la historia mitrista. ¿Cómo se combate eso?

—Jauretche diría que estamos combatiendo con arcos y flechas mientras ellos tienen cañones. Y lo hacemos a través de libros, declaraciones, nosotros en el Teatro Ateneo el martes pasado juntamos a 550 personas y eso es importante. Esa gente se multiplica, son cuadros medios, maestros, profesores. El fenómeno de Carta Abierta también es interesante, aunque yo le tengo un poco de desconfianza porque los intelectuales son un poco complicados, pero de cualquier modo es importante. A mí se me da el hecho ahora, a esta altura de mi vida, de tener que hacer tres clases iniciales sobre historia argentina de los últimos 50 años para los chicos que ingresan a TEA. Me ofrecieron también de la Facultad de Filosofía y Letras dar unas charlas sobre histografía, que implica una crítica al mitrismo y al viejo rosismo nacionalista de derecha. Tengo que ir a San Martín en estos días, a la UTN de Avellaneda. Hay una búsqueda, que yo creo está ligada a los fenómenos de las sucesivas frustraciones que ha tenido el pueblo argentino. Entonces, hay sectores medios que ya no se tragan más que el mercado maneja todo, no se tragan más que los amigos de Inglaterra fueron los que hicieron la Argentina, no se tragan más que la Argentina es el campo y nada más que el campo. Es decir, saben lo que no quieren. Lo que falta es el proyecto alternativo.

Carta Abierta estuvo apoyando al gobierno en un acto en la Biblioteca Nacional en el que estuvo Kirchner y se le pidió que se cree un canal de noticias porque no puede ser que yo, para informarme de lo que pasa, tenga que poner TN. Cuando en el medio del conflicto con el campo, TN me daba información a favor de ellos, por supuesto yo me corría a Canal 7, pero estaban pasando básquetbol, música clásica, cualquier cosa. Tiene su razón de ser que Canal 7 no sea un canal culturoso, el gancho de llamar al público con los deportes. Pero evidentemente hay que hacer un canal de noticias. También planteó Kirchner en ese momento que había que darle a Carta Abierta en Canal 7 tres horas diarias. No sé a qué hora sería, ya que a Telesur hay que verlo de madrugada.

De esa manera se combate. La semana que viene tengo que ir a Laferrere, donde hay un profesor que les da a los alumnos los fascículos que sacamos en el centro cultural para formarlos históricamente. Yo voy y encuentro cosas que no encontraba. Antes a un director de una escuela uno le proponía algo y te respondía “No, usted no habla de historia sino de política”. En otro colegio, el director me convocó para hablar de deuda externa. Formó 10 grupos de 10 chicos y la semana previa empezaron a hablar sobre la deuda, sus efectos, el origen, la ilegitimidad, qué hay que hacer, etc. Prácticamente, yo solo hice una introducción y después habló un representante por grupo. Estos cambios son nuevos y no se dan a la velocidad que quisiéramos los que tenemos muchos años. Pero se dan, y yo creo que cuando uno le conversa a los pibes, principalmente adolescentes, de una historia real, donde le cuenta que San Martín dejó de ver a la mujer y la mandó a Buenos Aires porque hablaba mucho con un oficial. Después él se fue a Perú y tuvo una amante, lo que era lógico, Rosita Campusano, pero la historia escolar la ha borrado. Los chicos pescan esas cosas.

Uno les habla sobre el conflicto agropecuario y sobre esa riqueza tremenda y alguna gente dice “No, si el tipo compró la tierra”. Bueno, empecemos por ahí, ¿quién fue el primero que compró la tierra? Antes estaba en manos de pueblos originarios o de gauchos que no tenían escritura. Y los que usurparon esos campos, ¿qué hicieron después con esa renta extraordinaria? Construyeron palacetes, como los Anchorena, y viajaron a Europa todos los años, porque no se iban a hacer retenciones ellos mismos. La oligarquía podría haber creado un país industrial, minero, de gran desarrollo pesquero, hidroeléctrico, haber hecho lo que hizo Estados Unidos, donde la burguesía creó un gran desarrollo.

—Usted dijo que los fierros de hoy eran los medios de comunicación, ¿no es urgente una nueva ley de Radiodifusión?

—Es difícil, porque el gobierno no puede resistir otra derrota. Todos hablan mucho, pero todos coquetean con los grandes medios. Entonces no sé, frente a una ley de Radiodifusión que le plantee cosas a un multimedio como Clarín. Tenemos medios gráficos donde a un periodista con treinta años en La Voz del Interior, como Enrique Lacolla, lo echaron por haber escrito, no allí sino por Internet, un artículo contra el campo. O a Claudio Díaz, que lo echaron de Clarín por sus ideas políticas.

Hay mucha gente que recibe atenciones permanentes de Joaquín Morales Solá, de Julio Blank, de Van der Kooy, de Longobardi… toda esa gente no quiere perder la vidriera, no sé cómo van a votar. Entonces es muy peligroso. Hay que sopesar hasta dónde se puede llevar una ley de Radiodifusión, que no sea simplemente una especie de cosmético. Así se puede volver a producir el mismo fenómeno, con distintos argumentos. Como Claudio Lozano, que con los argumentos de la ética vota con la Sociedad Rural.

Con este panorama, es imprescindible una nueva ley de Radiodifusión, pero es peligroso el debate por la presión que puede significar una derrota, encima con un vicepresidente que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de llegar al poder. Es tal la confusión, que hay gente que dice “el senador Cobos” y él no es senador, es el representante del Poder Ejecutivo en el Senado y no tuvo votos propios, llegó por los votos de Cristina. Entonces es peligroso porque mucha gente puede jugar a eso: Duhalde, Romero, Macri, después se pelearán entre ellos para ver quién se queda con el botín.

—Más de lo mismo

—No, son peores. Ellos saldrían con una política directamente pro yanqui, romperían la sintonía que hay con Chávez, por ejemplo, no se ocuparían del Mercosur más de lo que le pedirían las multinacionales que tengan intereses, como hizo Menem. Retrocederíamos en todos los aspectos.

—Hoy sigue persistiendo, entre la gente, la idea de que la tierra es la fuente de toda la riqueza y no el trabajo como motor de la plusvalía.

—Ese es el estado mitrista, que creó un mito sobre la gran Argentina, cuando hubo una gran Argentina pero solo para una minoría que se manejaba en Europa como jeques árabes. Y eso creó la idea de que gracias al campo toda la Argentina vivía bien, cuando en La Rioja había una mortandad infantil de 200 por mil y por 5 chicos que nacían antes del año se moría uno. No se desarrolló el país y gracias a eso hoy el sur es un desierto con grandes estancias. Todo eso no se explicó. Y a la clase media porteña se la preocupó por las últimas novedades europeas y leían el Martín Fierro por obligación. Todo eso ha sido un largo trabajo para formar una mentalidad colonial incluso en nuestra izquierda.

Ahora estamos en la misma historia, entonces hay que quebrar, hay que politizar y romper todos esos mitos, explicar que el campo hoy es una fuente de renta y que nuestros chacareros viven en el pueblo y perciben una renta por equis cantidad de hectáreas. Hablar de los pooles de siembra y de Monsanto y cómo se está agotando la fertilidad de la tierra. Pero esto no se discute en las mesas redondas de la televisión, allí se discute la pavada. Hay un francés que dice por ahí que la característica del capitalismo es que en los grandes medios de comunicación se discuten profundamente las cosas de poca importancia y se discuten superficialmente las cosas de gran importancia. Con Tinelli la gente está en eso, pero también hay personas que están en la búsqueda, por eso hace tres años que llenamos el Teatro Ateneo con nuestras charlas.

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Por Roberto Koira para Revista Zoom

jueves, 14 de agosto de 2008

Revista Unidos online


El sitio Croqueta Digital digitalizó y colgó en Internet gran cantidad de números de la revista que integraron nombres como Chacho Alvarez, Mario Wainfeld, Felipe Solá, Claudio Lozano y Mona Moncalvillo, entre muchos otros.

El menemismo fue un monstruo que se devoró parte de la memoria popular con su discurso del fin de las ideologías. Así muchos espacios de reflexión peronistas, que se dieron con la apertura democrática de 1983, pasaron al olvido o se perdieron en la indiferencia de los nuevos aires. Este fue el caso de la Revista Unidos.

La Revista Libro Unidos fue un mojón dentro de la literatura política argentina. Con un variado staff, en principio fue dirigida por Carlos Chacho Álvarez y luego por Mario Wainfeld con Arturo Armada como secretario de redacción. El grupo, en el primer número de mayo de 1983, estaba conformado por Chacho, Norberto Ivancich, Carlos Mundt y Adolfo Rimedio. A lo largo de los primeros diez números se incorporaron Roberto Marafioti, Vicente Palermo, Salvador Ferla, Felipe Solá, Hugo Chumbita, Horacio González y Víctor Pesce, entre otros.

Entrados ya en octubre de 1987 (la época del auge de la renovación cafierista), el desfile incesante de figuras de la política y la intelectualidad que nutrían Unidos trae a la memoria los nombres de Pablo Bergel, Cecilia Delpech, Diana Dukelsky, Oscar Landi, Claudio Lozano y Mona Moncalvillo.

En abril de 1989, a semanas del triunfo de Carlos Menem en las elecciones presidenciales del 14 de mayo, Chacho Alvarez pasa a presidir la Fundación Unidos, mientras que Mario Wainfeld asume la dirección de la revista. Esta enumeración de quienes pasaron por el consejo de redacción de la revista y en el amplio listado de colaboradores no da cuenta de la gran cantidad de personajes del mundo de la política que participaron en las charlas debates que ofrecía Unidos, como tampoco la acción de los militantes que acompañaron el crecimiento de la revista.

Todos estos trabajos de laboratorio intelectual parecían condenados al olvido hasta a aparición de Croqueta Digital (www.croquetadigital.com.ar), un sitio de Internet en homenaje a Norberto Croqueta Ivancich, un intelectual peronista que fue parte del staff de la revista y que falleció hace tres años. Allí se digitalizó gran cantidad de los números de Unidos, que ahora están disponibles en Internet.

En las páginas digitalizadas de Unidos se pueden encontrar perlitas como artículos de Carlos Menem, José Manuel De la Sota y Carlos Grosso antes de abrazar las banderas del liberalismo a ultranza. O el incipiente despegue de la lógica intelectual made in noventa, de parte de algunos seguidores del “Grupo de los 8” en los números finales de la revista.

En Croqueta Digital hay un apartado especial para “agradecer enormemente a quienes desempolvaron y prestaron las viejas Unidos para ser digitalizadas y sobre todo a Silvia Frumkin quien profesional y generosamente las digitalizó”.

Este rescate contribuye a recuperar parte de lo que nos robó la maldita década del ’90. Como decía el genial Rodolfo Walsh, “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan ni héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas”.

www.revista-zoom.com.ar/articulo2524.html

Por Roberto Koira para Revista Zoom